El demonio de la teoría

el-demonio-de-la-teoria Puede que seamos hijos de esa literatura de la “afirmación de la relatividad histórica y geográfica del gusto” que preconizaron los románticos, con héroes de la nación escrita responsables de grandes obras, incluidas sus notas de la lavandería. Hasta que la puerta de la crítica se abre para autores que descolocan el sistema y sus estructuras produciendo modelos de disenso o consenso mediante un uso no instrumental del lenguaje connotativo de la literatura con el que “renueva la sensibilidad lingüística de los lectores” (Shkolovski). Compagnon se rinde en la aporía, reconociendo a las autoridades la potestad de definir qué es literatura no sin antes analizar los debates sobre si la intención del autor explica la obra o si es el sentido la única referencia suficiente. En cualquiera de los casos se desharía del mal necesario de la crítica, pero el escritor niega que cualquier método excluyente baste en un campo abonado de presunciones y no de datos como el de la creación que aúna el mundo real y el posible a los que el crítico no tiene acceso, pese a esa supuesta identidad entre ambos que llegó a sostenerse. Revisados los conceptos basales de la literatura, los universales no son más que “un éxtasis provisional y revisable”, por lo que el catedrático de la Sorbona no consigue abatir a ninguna de las bestias negras con las que se enfrentaba ayudado por Gadamer, Jakobson o Mallarmé, aunque el sentido común venza a las certidumbres y logre espabilar al lector frente a una crítica a la que solamente cabe pedir que mantenga su perplejidad, “única moral literaria”.

Alicia González

El demonio de la teoría

Antoine Compagnon

Acantilado. Barcelona, 2015

352 páginas

22,80 €

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