Y el aire de los mapas

rosalesCon una evidente declaración de guerra a esa vida postergada siempre, el autor lamenta el musgo seco que queda bajo los pies de quienes no han escogido la senda de la decisión, por imposible que sea. La percepción, la mirada del sujeto transforma ese aire de los mapas como ante la escollera que delimita el fin del camino el poeta se enfrenta a un pasado por sanar caminable en las noches de insomnio. Rutas perecederas que más de uno apostaría conducen a ninguna parte, pobladas de ayes y un aire denso en el que la diferenciación se comprende inútil.

Escribir se torna labor de brujuleo inviable tal y como el escritor comprueba arrastrando los pies en pos de un amanecer que quizá no llegue, porque quizá sea como el túnel de Sábato, lugar de encuentros paralelos sin entrecruzamiento posible. Con esa sensación de extrañeza el poeta, viajero en la sala de espera de su enfermedad, malvive al margen del camino, anclado en el mismo punto, gracias a ese aire obstruido, hasta que olvide la certeza de los mapas, se atreva a adquirir profundidad y halle la alegría que mueve el mundo más allá de la superficie, lejos de usuras y precauciones, justo después de arrojar por la borda las guías de viaje clandestinas con las que uno pretendió trazar sintaxis análogas para intentar tomar distancia con la orilla.

Alicia González

Y el aire de los mapas

José Carlos Rosales

Vandalia. Sevilla, 2014

128 páginas

11.9 €

 

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