La búsqueda de la sombra de Lorca

levine Bares cementados, vestidos del gris aguardentoso de los jornaleros, llegados del Sur para matar el hambre en la industriosa Barcelona y anisados para volverse enanos  camino a una infancia ebria. Las lecciones de este americano que es Philip Levine son de un idioma que constata la voracidad de los negociantes levantinos en dictadura, pareja a la de los camiones que cargaban a los príncipes del mercado, los brazos y cabezas útiles para fusilarlos al alba. Una tierra que él mismo regó con su orina y en la que el estadounidense da testimonio del olor a aceite esencial “que se escurre de la muerte”.

Dietario de una cultura que machaca todo hasta las vísceras y reza al tiempo por los olvidados con beatería. Desde ese catálogo de horrores, sentado en las pantallas plegables de los cines, este espectador privilegiado se preocupa del sueño vago que aún son los hijos, desgajados de uno, él, poeta del muerto escondido entre la nieve y los camaradas del estadio de fútbol en Chile. Poemas que son apenas migajas para las hormigas que recorren afanosas cuerpos de víctimas como Lorca en una España de pelo todavía ralo y barcos que atracan en silencio con muchas cosas por borrar de la memoria.

Alicia González

La búsqueda de la sombra de Lorca

Philip Levine

Visor. Madrid, 2014

185 páginas

11.4 €

 

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