Blancura

 

andrade La vida que reconocemos en su cotidiano esplendor, en su blancura, expresa la inocencia desmantelada, la misma que calcinada supone la aceptación de la muerte. Apenas una treintena de poemas sustancian el despertar de los cerezos en abril o el desgaste de las palabras, con el fin del estremecimiento primero. El viento y la claridad guían los versos de Andrade por soledades abiertas cuando se escucha “el corazón inseguro de los pájaros”. El poeta entrega al lector el olor a madreselva del paraíso amanecido y el nacimiento de la alegría y con él disfrutamos la música que ilustra el paisaje sonoro de las últimas rosas de septiembre y volvemos a conversar con la madre ausente bajo la lluvia que a veces llega para traernos el “pan aún caliente entre los dedos”.

En el Año Internacional de la Luz editan en español a Eugénio de Andrade, poeta portugués que admira la piel oscurecida de los ríos y la sinestesia de la luz que emana del peso de la sombra. Apátrida y ateo, su creencia es la de “los caminos de la sed” que solamente se sacia en el enramado del amor donde se corroen las manos de los que se desean, exentos de la melancólica belleza de la juventud inmortal. Su palabra con la fuerza del “chillido del pavo real” quiebra la estanqueidad del lector que se encuentra a partir de entonces dispuesto a apreciar su alma como alojamiento de la muerte, que no de la tristeza. Porque como asegura el escritor la poesía se define “especie animal en lo oscuro”, amable o irónico, que permite saborear “la primera boca que besé temblando”.

Blancura

Eugénio de Andrade

Polibea. Madrid, 2015

96 páginas

10 €

 

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