Encuentros con el 50

encuentros-con-el-50 Si según José Carlos Llop “la memoria es una forma de literatura” estamos ante un mausoleo a la escritura, no sólo porque la mayor parte de los retratados ya no estén, sino porque todas las voces de aquella gente se perderían en robustez y consistencia de no tener el testimonio que Miguel Munárriz nos propone con estos “Encuentros con el 50”. Un libro de conversatorios que dirían en México entre los siete magníficos para algunos e ídolos y adláteres para otros, por ausencias notorias como la de Valente, en los que los convidados discutieron sobre la comodidad del etiquetado generacional, frente al que Claudio Rodríguez reclamaba “el valor de la palabra creadora”. Precisamente la otra deserción, la de Gil de Biedma, se suple con una entrevista donde el autor de “Pandémica y celeste” celebra la fascinación por la palabra que desgastan los años, desde su desencanto por la poesía, entendida como elemento para “construirse y llegar a ser”. Brines, al que los hados esperemos le deparen a no mucho tardar el Cervantes, nos desvela detalles hermosos como cuando explica cómo el poeta “que ha producido la emoción la recibe como lector, con sorpresa”, la posición moral inherente a Carlos Sahagún, la consideración que hace de los poetas del 50 Caballero Bonald al considerarlos y considerarse “hijos descarriados del 27” por recoger esa herencia y “llevarla lejos” o la anécdota de cómo Barral se reunía en torno a una alfombra con Castellet, José Agustín Goytisolo y Jaime Gil para elaborar aquella antología mítica, “en contra de las antologías cursis y estúpidas que estaban entonces de moda, unas antologías que, bueno, eran absolutamente de café, con criterios sentimentales y majaderos”. Lectura para aprender y remediar.

Alicia González

Encuentros con el 50

Miguel Munárriz (ed.)

Ámbito cultural. Madrid, 2015

264 páginas 

0 €