Tirana blues

 

tirana Platón Guri es un marido susceptible de divorcio y de ser asediado en la bañera. ¿Es el Destino? No, la partitura de Beethoven que suena en su móvil. También está vacío el lecho del inspector Sabit Kurti, pero no como el de Adriana Gjini, pues en su caso no es el desamor, sino la tosquedad del jefe la que se lleva a su mujer temprano, mientras el atiende a Analista y Gracioso, sus subalternos.

El policía conjetura que la muerte del comisario Akil, su antiguo jefe, y la del profesor de historia Guri están interconectadas y tendrá que llevar adelante la investigación desde su rebeldía ante la impunidad de negociantes de lo sucio, sean ministros o regentes imperios del placer.
El telón de fondo es esa Albania de bodas recurrentes y muertos que hablan o vivos que intuyen ya estar casi muertos por ajustes de cuentas, a pesar de que quien les custodia sea Besim, la confianza. El falso checheno, Erald Perjaku, confiesa su incursión en ese país de granujas y excluidos que fuman en La Boca del Cocodrilo, de los campos arrasados por los plásticos y los andrajos, un lejano oeste para miserables que persiguen un El Dorado que se les escapa a personajes como él que no son otra cosa que “artículos deteriorados” o a Klodi, la hermana de Altin Kora a la que pretende el rufián, hija del fatalmente precipitado contable Stilian.
La otra confesión en paralelo, la de Platón, llega desde el seno fetal, o esa imprecisión que dibujan las salas de reanimación donde su mujer le anima a regresar a su lado.
Alicia González
Tirana blues
Siruela, Madrid, 2015
206 págs.
19,95 €
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