El buen relato

 

coetzee Las resistencias del relato, las omisiones involuntarias reconstruyen la historia del sujeto, reescrita y cambiante. Coetzee duda si la invención no puede ser más terapéutica que el despojamiento o si la colisión con una verdad doliente anula la sanación de autojustificaciones. Arabella en cambio, desmonta que construcciones frágiles, narraciones mal trabadas puedan sostenerse en el tiempo, optando más por una creatividad que a veces puede desviarse de la convención, pero conserva su coherencia interna. La mediación del especialista en psicología se cuestiona en tanto las limitaciones pueden obligar a que la consulta se reduzca a recomponer seres funcionales y no tanto sanos a través de una verdad más necesaria que exhaustiva. La verosimilitud como argumento suficiente para preservar la belleza en la obra escrita. Del mismo modo, el sudafricano plantea si el terapeuta edifica un relato menos fiel que operativo por ser fruto de la verdad emocional y dinámica, pero nunca externa para resultar invalidada. Puesto que el propio recuerdo con su dosis de interpretación cancela otras versiones, frente al escritor que ejerce la libertad en forma extrema jugando desde la perspectiva y contra una memoria persistente. Queda por tanto, enfrentar la represión y contemplar los expurgos que hacemos de nuestro universo con el consiguiente peligro de alejarnos del principio de realidad que al fin son los otros.

Alicia González

El buen relato

J.M. Coetzee / Arabella Kurtz

Random House. Barcelona, 2015

192 páginas

17,90 €

 

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