Los ojos de Elsa

aragon 21 poemas en dos años en la Francia ocupada, reivindicación del amor y a la vez orgullo patrio: el Va pensiero amoroso de un resistente que comienza cantando a unos ojos creadores de desmemoria en los que el poeta ve “arrojarse a morir a los desesperados”.

En ellos recupera el cromatismo de los trigales y el vidrio roto, pues no sucumben a “las bocanadas de aire (que) suben al horizonte”, donde Aragon lee las sombras del pasado. Temblores parejos de vivos y muertos se perciben en esa “tela usada” que es su país, alentando a los corazones dispuestos a “anteponer la herida” y resistiendo para no olvidar. Dolencia mayor si cabe para el exiliado, entregado en fijar cada detalle en los ojos sollozantes que graban ese París por el que caminan dos amantes entre “reyes tristes en las fotografías”. El poeta se opone al fracaso de los valores seguros y una vida rauda que le falta a una esperanza lánguida.

Amor y desencanto vibran intemporales como las flores sangrantes sobre las que “los locos rejuvenecerán la hierba con viajes palabras” en los versos de Aragon que se siente extranjero incluso en su corazón, aunque se reconozca “en todos los que sufren”. Sobre todo él ante las invectivas de los defensores de la poesía pura, “agua fría” y “flor sola” en años que son para llorar “todo un cielo de muertos” y no para preferir el incienso. Sus poemas preludian al lector que aprenderá el nombre de Elsa, aquella que “baila y bailará el vals” e hizo ceder a la muerte.
Alicia González
Los ojos de Elsa
Louis Aragon
Visor, Madrid, 2015
156 páginas
12
 
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