El hombre que amó a Eve Paradise

 

paradise Una Roxana tartamuda y un Cyrano hipnotizador nos muestran el vínculo consciente y secreto de la magia entre Eva y el hijo de un peón en El Silencio. El mismo en que se mantienen los recuerdos de esta diva del cine mudo debido a la amnesia.

La hija del Viejo del bigote merovingio y la actriz de variedades frustrada con aspiraciones de señorita sureña se convierte por obra y gracia de la prensa amarilla en el Chicago de la Ley Seca en la femme fatale que busca “suscitar deseos babilónicos” en jovencitos en plena “edad de los prodigios” que van apareciendo sucesivamente emasculados. Si la Mano Negra fue la acusada de la muerte de su padre en la finca sevillana, aquí será un epígono de Jack el Destripador quien ajusticie a los amantes de la starlette, cuyos más íntimos vicios son expuestos ante la voracidad de la opinión pública en un juicio contra Amós Zambrano, presunto asesino de la Ciudad del Viento. Su biografía permite hacer de él pasto de los titulares: emigrante de la pobreza y el dolor -con la estela de los niños muertos camino de Hawai como marca indeleble-, desertor sin serlo de la guerra de África, con un padre borracho y diabético y secretamente enamorado de la escandalosa actriz como descubrirán Donovan Curtis, el ilusionista con el que trabaja y Ritchie Sandino, hermanastro de Eve y hampón que blanquea sus negocios tras la tapadera de los exornos florales, abonados según las malas lenguas con los cadáveres de los chivatos. La vida copulativa de desgracias de Amós y las aptitudes para saltar la frontera del rigor periodístico de Jack Lingle pondrán el resto aunque no haga falta, porque como dice Zimmermann, “la vida, cielo, tiene bastante de crónica negra”.

 

Alicia González
El hombre que amó a Eve Paradise
Edmundo Díaz Conde
Algaida. Sevilla, 2015
504 páginas
20 €
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