La montaña festiva

_visd_0001JPG08WL2Shamil añora quizá esa cumbre a la que ascendió no se sabe si en sueños en la que un aldeano le recordó que lo importante no es la senda, sino el rumbo. Daguestán no es Rojel-Meer, esa montaña festiva y menos para él que andaba enamoriscado de una muchacha, Madina que ha abandonado su vida anterior para sumarse a la sociedad atávica que pregonan los wahabitas y casarse con Otsok. En un ambiente de tensión inminente en las calles, donde se propalan los rumores (jabari) de fitna (disturbios) o de muros que Rusia estaría levantando para acabar con el terrorismo, el joven ejerce más que de reportero, de observador de una realidad que oscila entre el carácter amable de una población que celebra bailando la lezguinka las alegrías, se siente orgullosa de sus tradiciones como los armeros de Kubachi, en las montañas azules, pero se mantiene anclada por otra parte en el pensamiento prelógico y supersticioso que les hace deudores de los dioses paganos. Un enfrentamiento que escenifican la modernidad de una mujer como Zumrud frente al rancio Dibir, empeñado en obligar a que los demás saquen provecho de sus sermones y aprendan de pseudocientíficos que buscan sus pruebas en las aleyas coránicas. Una batalla por la que parece no haber pasado el tiempo como descubre el protagonista al toparse con esa novelita de realismo “El centeno no crece sobre la piedra”, más benévola con las aspiraciones femeninas, que se mezcla con las ansias secesionistas de una verdadera almazuela de nacionalismos cumucos, lezguinos, ávaros, nogayos…, fácilmente manipulables por quienes los agitan contra los “guardianes del descreimiento”.

La montaña festiva

Alisa Ganíeva

El cuarto de las maravillas. Madrid, 2015

300 páginas

19,90 €

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