Adiós a la noche

 

adios-a-la-noche La oscuridad de los románticos queda silenciada por los cuerpos amantes y el de la autora madrileña se despide envuelto en la maleza de una intimidad desaparecida, fundida en “una levedad negra contra el infinito”. Novalis y cualquier otro hijo de la Tormenta y el Ímpetu (Sturm und Drang) alemanes gozarían de estos paisajes lunares plenos de rosas melancólicas y columnas -lo suyo es que sean clásicas- por las que vagar como “animales salvajes, / una noche más. / donde descosernos”. Quizá los hilvanes haya que buscarlos en la infancia que no rehuía la noche en la que ahora hallamos a la escritora, desentumeciéndose del dolor tras la separación.

Libro impregnado con los versos de lo marchito, la vida apurada, los sabores minúsculos y los sonidos privados acrecentados por la oscuridad omnipresente, aunque “los atardeceres /sean los que) no tienen rencor de nada”. Mujer frágil, pero fruto edifica una escritura diminuta “en el umbral de la tristeza” poblada de insectos, de donde saca fuerzas para cantar y consolarse -si es que no es lo mismo- del abandono y la incertidumbre. El poema se presenta como única respuesta viva y enterrada para quien ha visto dormir en el bosque “todas las acacias de la juventud” cuando “las despedidas son las primaveras más violentas que alcanzamos” por la mitificación cansada que el amor ficcionó y el verso coloca en su sitio alzando los brazos. Junto a ello, las preguntas indóciles: “¿Puede asegurar acaso un hombre su silencio? / “Puede asegurar el silencio absoluto de lo humano?”.

Alicia González

Adiós a la noche

Andrea Bernal

Siltolá. Sevilla, 2016

60 páginas

10 €

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