La estación azul

la-estacion-azul El otoño, “cansancio luminoso” y revelador de la edad alienta en el hombre el resplandor del incendio sin llama en “un bosque de preguntas”. El escritor tiene la habilidad de paralizar para nosotros el silencio inclinado que es el afecto de la madre al hijo, del devoto a la rosa, a los ausentes que “nunca cicatrizan dentro de nosotros” y de relatar la promesa de juventud de la belleza para contar desde el sentimiento la historia de la memoria. Versos traspasados de la delicadeza que habita en el jardín secreto de que olvidamos la llave quizá al recordar que “sólo quien ama tiene historia”.

La hermandad de poetas arriba a “La estación azul” donde “cada palabra transparece grávida de aliento común” y las ideas permanecen germinando en el refugio de revelación que unifica la música de todos. Pendientes de nombre para existir, transfronterizos todos entre la felicidad y el desamparo “sin saber cuántos grados de soledad seremos capaces de alcanzar”. Javier Lostalé se cuelga los ropajes del mendigo por la desnudez de su palabra, desprendida de añadidos, para que sus poemas reinen guardando el silencio y nos trasladen a la casa de la inocencia al modo de Ovidio, espolvoreando de referencias sonoras, visuales que cristalizan en descubrimientos luminosos del conocimiento como el del vértigo del cuerpo en la piel encendida. Al poeta madrileño le queman los ojos paisajes que otros no ven y le provocan íntimas mareas en su espíritu lunar, purificador, celebratorio, pues “la luna arrasa los engañosos espejos y nos devuelve nuestra imagen verdadera”. Y el lector, envenenado de su esencia no puede más que entregarse al baño de su palabra y respirar.

Alicia González

La estación azul

Javier Lostalé

Renacimiento. Sevilla, 2016

144 páginas

15,20 €

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