Ábreme con cuidado

abremeconcuidado Diaristas damas de Llangollen, mujeres que desmantelan “la casa del amo” y su construcción de poder. Nueve escritoras, sus epígonos, hacen literatura de otras tantas mujeres oscuras u oscurecidas por la historia. Isabel Franc escoge la “lengua traviesa” de Natalie Clifford, creadora del salón literario en la rue Jacob, famoso por sus sándwiches de pepino, donde Radclyffe Hall reclama el vínculo matrimonial “y que Dios nos conceda el derecho de existir” para mujeres de alboroto espiritual como Tamara de Lempicka, hartas del cenobio en el que las recluye la Academia francesa, a pesar de que son cronistas audaces de una sociedad “secreta” de afectos.
Clara Asunción García encuentra su futuro envuelto en un abrigo de visón como la protagonista de “Carol” de Patricia Highsmith, aquel libro que fue un alivio para las que son tachadas de vivir en la sordidez o en la enfermedad y que descubre a sus personajes las costuras que unen a Marimaryeva, en esa edad casi sin mecanismos para la sobrevivir que es la adolescencia. Por su parte, Pilar Bellver se asoma al epistolario sin vigilantes entre Virginia y Vita en ese proceso hasta la culminación del pecado para una mujer poblada de insectos, colonizada por la imperialista aristócrata, en una relación donde el temor a la vulnerabilidad pesa más que la moral victoriana, aunque la Woolf sea consciente de que debe amar para seguir amando. El relato de Carmen Samit nos habla del dominio desde la ceguera en la que entender las sombras de Jung y de cómo Yourcenar puede alumbrar el instante de desorientación, sin llegar a crear una figura a la altura de Zenón. Un afecto con guardas de agua y piel chagren. En cambio, Gloria Fortún desentierra a una amiga muerta, Aphra Behn para describirnos la ternura en el encuentro salvaje de una improbable presidenta del gobierno y una periodista que escriben su amor a modo de palimpsesto. El de Lola Robles recrea la vida al límite de Carson McCullers y Anne Marie Schwarzenbach, levemente coincidentes, salvo en la devastación de su condición angelical, desde la contradicción de la feúcha de soñar con el silencio de la nieve y anhelar el ruido de la fama, algo difícil incluso estando casadas con hombres liberadores que no siempre comprendían esa imaginación tendente a la compañía femenina. Carmen Nestares se atreve con Elisabeth Bishop, compendio de males en Brasil, “mujer, lesbiana, alcohólica y extranjera” con la que enseña al lector los riesgos de no asumir la pérdida ni el arte aparejado. Y los celos que pueden mover una relación viva, aunque su protagonista, Lota, esté muerta, salvo en cada villanelle y cada flor, al menos por unos días. La de Carmen Cuenca es la recreación del “estado febril de la imaginación, del sentimiento” en Emily Dickinson y su deletrearse el deseo en la piel con Susan, hasta la expulsión del paraíso. Y por último, dejamos el cierre de Gloria Bosch, con la que nos parece oír hablar a otra Gloria, Fuertes, rebelde a fuego, cabra sola sin remedio y débil para confesar ese amor que eligió para mantener callado, cuyas mariposas siguen aleteando en la eternidad.

Ábreme con cuidado
VV.
Dos bigotes, Madrid, 2015
244 págs.
18.95 €

 

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