Arquitecto de poemas iceberg

rodrigo sancho Entrevista a Rodrigo Sancho, ganador del premio Adonais de poesía 

Desconfía del grito, del aspaviento y asegura que de niño quería ser excavador. Tal vez de ahí parte su obsesión por lo objetual, incluso por la presencia incorpórea que da título al libro, esos anclajes para afrontar la pérdida, protagonista de estos versos con los que exorcizar la melancolía desde la que querría no haber tenido que escribir.

Me llamaba la atención que se llama “Vaho” y fuera el número 69 de la colección… No sé si la gente va a llegar irremediablemente a la conclusión de que se trata de un poemario erótico y la verdad no se van a encontrar nada de eso… 

Pues la verdad es que poco, no van por ahí los tiros… Creo que simplemente ha sido casualidad.

Porque son poemas para anular al melancólico, de esa melancolía envuelta en vaho y vas desanudándola a lo largo del libro… 

Sí, bueno, es un poemario muy melancólico, es verdad, con mucha nostalgia, pero no sólo hay de eso, sino que también hay algunos momentos de alejarse de esa nostalgia, de algo nuevo que va creciendo dentro de la tristeza

Un germen de semilla, pero muy al final del poemario…  

Sí, quizá lo intenta explicar el primer poema que es el último que escribí, porque me parecía que era un poco complicado quizá el orden o la consecución de los poemas y el primero intenta explicar un poco que es el final de una etapa quizá y empieza a aparecer una nueva, pero en la que estoy totalmente contrariado y de la que no sé muy bien cómo arrancar.

Pensaba que sería el poema en el que hablas de lo que le hace la lluvia al desierto por aquello del germen…

Bueno, esa imagen era más negativa, yo creo, porque nunca llueve en los desiertos, como algo terrible…

Más por la erosión entonces… 

No sé si es en el último poema donde dices que en la ceniza se escribe el nombre de tus padres… Me vino a la cabeza la imagen de “Asesinato en el Oriente Exprés” con Poirot y el zumo de limón… 

No va tanto por ahí (sonríe). La idea de ese poema es como un juego de imaginación: si tú quemas papel lo que aparece es ceniza, pero si tú escribes en el papel que vas a quemar ceniza de una manera mágica lo que has escrito aparece, es como un truco de magia. Lo que dice el poema es que escribo el nombre de mis padres en el papel y lo quemo.

Hay una parte de ensalmo como en el último cuarto del libro como para crear un sortilegio por todas esas vivencias tan difíciles… 

Eso es. Me gusta lo de sortilegio, porque al final ante esas cosas que nos pasan a todos en la vida uno intenta crear ritos o, Joan Didion, la escritora americana lo llama el pensamiento mágico que dice que es algo bastante común cuando se pierden personas y que hay un tiempo en el que haces cosas como los niños que tienen ese pensamiento mágico y creen que si dejan los zapatos de la persona en tal sitio es como si lo invocaras. Hay un juego un poco ahí entre la magia, los sortilegios, los libros, trucos…

vaho El libro tiene un “cosido de ritual” en muchos de los versos, porque vas entresacando vivencias de tus otras partes no poéticas, las artes, la música, la arquitectura y de ello se infiere que buscas bastante anclaje en el aire. Hay muchas referencias a lo etéreo en tu música en “Pensamientos de paz”… 

Es complicado el título, sí.

Y también la arquitectura tiene mucho de sostener en el aire. No sé si es complicado o siendo arquitecto quizá es más sencillo buscar el pandeo correcto para un perfil y que se sostenga el poema… 

Sí, es un tema de imagen. Una novelilla que escribí precisamente habla de algo parecido a eso y el germen de esa novelilla fue estudiando en la carrera un examen de Cimentaciones que es lo que estudiamos para que no se caigan los edificios. La novelilla trata de una ciudad que en un momento dado se eleva, la gente que vive y los objetos que hay se elevan en el aire y

Con un punto de Calvino… 

Sí, Calvino, “Las ciudades invisibles” es un libro de cabecera mío. Las ciudades y el tema del territorio siempre me ha interesado, pero sí hay mucho de ese mundo aéreo y de flotación…

Volviendo a la cimentación, veo que eres bastante persistente, porque te presentaste en 2013 y ahora ganas este premio sin dotación (voz de extrañeza)… No sé si es un reto, querías el reconocimiento de Adonais que es el premio decano… 

Sí, había una parte de reconocimiento. Es verdad que no tengo mucho feedback con lo que escribo, porque me leen mis amigos o normalmente gente que me quiere.

Gente cercana… 

Con lo cual muchas veces no tengo muy bien dónde agarrarme para saber si lo que estoy haciendo está bien o no y es verdad que en el Adonais, en el jurado, están dos de los poetas que más me gustan casi te diría.

No sé si uno es Sánchez Rosillo…

Sí y el otro Mesanza, que para mí son referentes y entonces había un poco también de eso, qué le parece a esta gente y de hecho cuando me lo dieron lo primero que les pregunté es ¿pero entonces de verdad os ha gustado? Y me dijeron que sí, que no me preocupara. Y esa persistencia, aparte de que es un premio que tiene como mucho nombre, aunque no tenga dotación que es algo que todo el mundo lo primero que te pregunta es eso, ah, pero no te dan nada. Me dan el reconocimiento.

Lo que tú necesitabas era una constatación de que no estabas errado en dejar la arquitectura. 

Sí, pero no la he dejado. Por lo menos saber que hay algo ahí que, aunque sean dos o tres versos que no están mal.

Y aparte de esos referentes poéticos no sé si tienes algún otro: la poesía de la experiencia, Carlos Bousoño que se ha muerto recientemente, Claudio Rodríguez… 

No tengo tampoco un movimiento, en eso picoteo bastante de muchos sitios.

¿Lees poetas recientes? ¿Carlos Pardo? 

Leo poetas recientes. Carlos Pardo sí que ha habido algún poemario que me ha gustado mucho e incluso igual me ha influido, porque nunca sabes luego lo que te va llegando, pero no leo poetas muy recientes, los muy jóvenes, pero igual una generación ahí, Carlos Pardo, Martín López Vega, Luis Muñoz que me gustan bastante y luego un poco más mayores, pues ya Rosillo, Mesanza, Trapiello, Antonio Moreno, un poeta de Alicante que también me encanta.

Si nos remontamos a Carlos Marzal, Francisco Brines… 

Marzal sí lo he leído, pero luego igual más hacia allá hay una etapa ahí que me pierdo un poco. De esa etapa José Hierro es quizá el que más he leído, de los que primero leí, pero, por ejemplo, Bousoño lo tengo un poco…

No es un examen… 

Ya lo sé.

Indagando en esa otra perspectiva musical aparecía Hestiu Roin (se ríe) que deduzco es inventado y todo tenía un sustrato dadaísta como ese manifiesto firmado por Hans Artop como si escribierais a nadie con pequeños anzuelos que lanzáis por si alguien los rescata o si es simplemente un rito mistérico entre amigos. 

Ahí has ido a un personaje dadaísta y un poco absurdo, tampoco sin ninguna intención. Siempre nos gusta dejar esas pequeñas referencias: Artop es como un nombre robado de “La montaña mágica”, pero no es exactamente el mismo nombre y no hay ninguna intención. De hecho hay un punto de crear un personaje para dar un poco de sentido a esas venas más alocadas. En ese grupo sí que hacemos bastantes cosas, hay gente que se dedica al cine, mucho tema de música y siempre entre nosotros nos gustan esas bromas, esos juegos como de club de la serpiente.

Bromas inteligentes…

Yo siempre digo que hablas de lo que tienes…, también somos de cosas más terrenales, no es que estemos todo el día…

No debes ser hombre de lecturas fáciles y no sé si de amigos fáciles, pero desde luego todas las referencias incluso dentro del poemario hilan fino…

Puede ser.

¿Qué me puedes contar de esa editorial, no sé hasta qué punto doméstica que es Ochoacostado?

Sí, bastante doméstica. No tenía mucha esperanza uno de que le publiquen nada y escribía las cosas y me daba mucha pena que al final se queden por ahí, estéticamente sin trabajar y como por otro lado tengo capacidades por haber estudiado arquitectura empecé a lo que yo escribía darle forma de libro también un poco para facilitar a los amigos y a la gente cercana que te pudiera leer.

¿De momento, únicamente tus libros?

No, así es como empezó y luego sí que ya empecé un poco, a gente de mi entorno que hacía cosas, que es mi idea, porque lo que uno quiere es que le publiquen otros, no tener que publicarse uno mismo, pero lo bueno es que no tienes filtro crítico, es decir, yo puedo publicar lo mío de lo que quiera y de los demás si que en breve de una amiga que también escribe poemas que se llama Camino Román, otro amigo que pinta y también ha escrito algunas cosas, libros de cocina de madres de amigos que reúnen sus recetas, o sea que en ese sentido estoy bastante abierto a muchas cosas y sí que es muy doméstica. Son tiradas…

¿Eres el responsable único?

Sí, me echan mano estos amigos que te digo, pero en principio sí.

Lo que sí veo es que hay un cierto punto de devoción por los objetos. Incluso en el blog hay muchas pequeñas estelas de las cámaras de las maravillas de los alemanes. Te gustan los objetos y hay una cierta delicadeza en todo lo que vas diseminando en tu música, en la editorial y en el poemario. Hay una devoción por lo objetual?

Sí, si que creo que hay algo de eso, porque si ves dónde trabajo en mi casa, el pequeño estudio que tengo, pues te puedes imaginar, lleno de cositas y creo que desde pequeño he sido muy de acumular objetos e ir recogiendo…

Un poco de síndrome de Diógenes….

Sí, sí, hay un punto de eso, no lo niego e incluso los artistas que se dedican un poco a esa recopilación un poco dispar, esas cámaras de las maravillas. Tiene un libro muy bonito María Negroni, gabinete de curiosidades o algo así. Es una cosa que no controlo, pero sí que está muy acertada esa visión y creo que al final con las cosas que hago sí se nota un poco esa idea.

¿Qué hay de las colaboraciones con el colectivo Vermut y Arre?

Lo de Arre es una colección poética que dirige Martín López Vega y en la que yo colaboro sobre todo en el tema del diseño, de las portadas. Al principio estuve con Pepe que es el de Arrebato, pensando cómo iba a ser la colección, yo iba allí a comprar libros, entendió que me gustaba la poesía y me lo ofreció él, fue todo muy natural -Pepe lo hace todo muy fácil- y a raíz de eso conocí también a Martín López Vega que es el que dirige un poco la línea de lo que se publica y muy bien. Sale un poeta siempre extranjero y uno nacional, no sé si son dos al año -ahora me quedo un poco-, pero ahora de hecho van a salir otros dos números  y lo de Vermut que es un tema incipiente es de unos amigos que tienen una productora de cine, de video y es un tema de llevar un poco la poesía a imágenes. Es un proyecto que está arrancando en el que me apetece colaborara también y ponerles en contacto con los pocos poetas que conozco un poco más conocidos.

Los videos de Vimeo mezclan esas dos pasiones con objetos colgados movidos por el aire…

Eso ya es cosa suya. Colaboro poquillo y es una cosa en ciernes, pero luego ellos tienen ese imaginario, son muy cracks.

Coincidía…

Yo creo que sí. No he visto todo lo que han hecho pero son muy buenos y muy poéticos también.

Decías en “Pensamientos de paz” que es un robo en toda regla a Virginia Woolf. ¿También bebe de eso “Vaho”?

¿De robos?

De robos si quieres tomarlo por ahí o del posado que te dejan otros escritos…

Sin duda, es el título de un relato maravilloso de Virginia Woolf y en Vaho también, de hecho al final intento siempre poner unos pequeños créditos por decir un poco de dónde vienen las cosas y sin duda hay esos robos u homenajes y lo indico, de Nabokov o de películas o títulos o escenas que el poema un poco se inspira directamente en ellas y sí, hay muchas influencias no sólo de escritores, de cine, incluso de ciencia que es algo que también me gusta mucho y me fascina.

Una mezcla bastante ecléctica

El tema es la curiosidad. Creo que soy una persona muy curiosa y casi que me interesa todo, cualquier cosa, intento aprender cualquier cosa y por ahí al final acabas llegando con ese gabinete de curiosidades un poco dispar que tienes que ordenar.

En tu grupo musical decías que un sampler podía disparar una emoción o un recuerdo… Eso está también muy presente en Vaho, porque son poemas que dejan sedimentos que se disparan de inmediato o en diferido como diría Cospedal…

Sí, (se ríe) eso del sampler no lo dije yo, supongo que lo diría Miguel, pero sí, eso sería la voluntad al final, que no sea algo que simplemente está bien escrito u ordenado en una página en blanco, sino que, supongo que ése es el objetivo final, si alguien lo lee le sirva para canalizar o para dispararle ese tipo de emociones. Por ejemplo, yo sé que mis hermanos que sé que lo han leído si que les ha disparado muchísimas emociones y yo casi que con eso me daba por satisfecho, porque son temas delicados y difíciles de tratar, pero sí, la idea de dispararlo, aunque sea en diferido como tú dices es interesante.

Lo que también es una presencia constante en el poemario es la pérdida que no sé si es el leit-motiv del libro o uno de ellos, porque al final hay una especie de luminotecnia tardía, pero también es el rumbo errático del que está escribiendo.

Sí, tengo que sea sincero y hay mucho de eso, porque como digo al final me hubiera gustado no tener que escribir muchos de esos poemas, pero al final era una manera de intentar hacerme entender a mí mismo las cosas que pasaban y bueno, al final, uno tiene las herramientas que tiene y a mí me da por escribir y alrededor de esa idea que al final ha sido un período de tiempo que sigue siendo, eso es para siempre, pero sí hay momentos en que hay más intensidad y las cosas las ves y las necesitas de alguna manera expresar.

Entiendo que esa pérdida es la muerte que llegas a decir que es como polvo en desorden. El libro está muy lleno de imágenes que son flashazos que luego se quedan. En otro dices que apagas la luz de los párpados a los muertos que nos lleva a los romanos con sus dioses Manes y como hablas en un momento de Pompeya no sé si son guiños al lector para que se reconozca en otras vivencias tuyas, tus viajes, tus lecturas o si partes del automatismo…

No, ahora lo de Pompeya que me lo has dicho y no caía dónde está, porque es un verso que aparece por ahí y sí, un viaje que me dejó bastante fascinado, con esos ritos de paso son muy interesantes, con cosas preciosas. Había una cosa que hacían los romanos con una exposición que era como un proyector donde ponían unas plaquitas con la cara del difunto, no veas si eran modernos y cuando pasaba la luz proyectaba la cara de él -muchísimo más modernos que lo de ahora- y si que como soy curioso sí que hay de ese estudio de los ritos de paso.

Dices que reflexionas tanto que aseguras que tienes la manía de pensar… Porque si en otros poemarios puede no reconocerse al autor aquí estás muy

Expuesto quizá.

Muy desnudo, pero muy sincero por otra parte.

Yo creo que de las cosas que he escrito es donde más me desnudo. No es algo que quisiera hacer, sino que me ha salido así. Soy bastante pudoroso con esa exposición, pero por otro lado, creo que tenía que ser también sincero y ocultarlo innecesariamente tampoco me parecía justo.

Pensaba que era una innovación gráfica cuando pones quilómetros con “q”, porque antecedía a “los quilómetros que dura una tristeza” y parecía una cesura en el poema a tu hermano para detener al lector un poco más…

Pues no, deben ser estas tonterías. Yo creo que lo escribí así, pero no con una voluntad…

Quizá por el quid romano…

No, igual hay un gusto quizá por lo olvidado, por lo antiguo y quizá la q que es una letra tan bonita, pero no hay una voluntad expresa.

¿Has llegado a concluir si el dolor ocupa lugar que es una de las reflexiones que haces y si una vez que se reposa se despersonaliza o nos despersonaliza a cada uno?

Para mí te diría que no está terminado. El premio fue un objetivo que apareció un poco a mitad de camino mientras estaba escribiendo esa serie de poemas. No tengo la sensación de que esos poemas o esas ideas alrededor de eso hayan terminado, sí que sé que es un proceso que tiene sus tiempos, lo ha estudiado todo el mundo y sí que es verdad que no es lo mismo una semana después que dos años después y que sí que hay un lento olvido porque se van acumulando otras cosas, pero no siento que con eso haya cerrado una etapa.

Porque el tiempo es una superación del sufrimiento, la maceración del dolor.

Se va posando, no sé si superación, pero sí que ayuda un poco a explicarte y yo tengo la manía de que cuando algo no lo entiendo, mi reacción es escribirlo para pensar, una manera igual que los arquitectos pensamos dibujando y en el fondo no estás dibujando, estás pensando con el lápiz y al final cuando escribes también es una manera de pensar.

Y sobre el trabajo de la naturaleza de construir paisaje, dices que nuestro paso por ella es prescindible. Es una constatación, por esa conexión con la muerte…

Sí, hay mucho de eso.

Porque alguien que eleva edificios se supone que aspira a la solidez y sin embargo, eres muy consciente de la dilución.

Sí, en ese sentido y como me gusta mucho la ciencia y el cosmos, a nada que investigues un poco te das cuenta de la nimiedad que somos. Y luego lo del arquitecto yo creo que tiene una imagen un poco idealizada del oficio, porque luego es bastante más terrenal, pero sí hay esa parte de que la arquitectura está hecha para durar o lo estaba antes y por desgracia…

Esperemos que el Grupo Wanda no se salga con la suya…

Es un tema que tendríamos que discutir ése…

Estos días supongo que estarás oyendo galopar muchos caballos sobre tu tejado con el premio… Es el momento en que estás viviendo en presente que es algo muy difícil…

Sí que hay un poco más de movimiento a mi alrededor, porque tampoco suele haber mucha atención, pero tampoco ha cambiado mucho la situación. No hay mucho jaleo y estoy muy tranquilo dentro de lo que cabe y además lo necesito porque me cuesta bastante gestionar esa atención exterior.

Pero sí que estás curado de espanto contra la enfermedad de la soberbia, porque así lo dices en un poema, “Montaje”…

“macilentos tarros de soberbia”…, sí que ahí me pongo un poco intenso además, pero hay algo ahí de que no me va mucho esa idea de perfil alto. No debería ser yo quien lo dijera.

¿Con quién te han comparado?

Que yo sepa a día de hoy no. No he leído muchas críticas.

¿Y tu objetivo es construir poemas iceberg?

Eso sería uno de los objetivos. Antonio Moreno, este poeta, dice que alrededor del poema que es una cosa muy breve es donde está el poema en todo lo que no dice y el iceberg es una imagen de eso, lees una pequeña parte, pero luego…

A pesar de esa melancolía es un poemario muy doméstico, de atarse a casa, de buscar algún tipo de ancla, porque incluso la densidad de ese vaho que es casi una obsesión es una forma de encontrarse en los espejos.

Creo que gira mucho en torno a la casa donde crecí que soy de un pueblo de Valencia, donde pasé mi infancia. Está más vacía ahora, porque estamos desperdigados, pero sí que hay muchas imágenes de esa vivencia del espacio doméstico, es una casa grande y el hecho de haberme venido a Madrid siempre te amplifica mucho la percepción de esos lugares que si estás allí no valoras y el vaho es un accidente meteorológico habitual y 4está muy presente en los poemas.

El que se llame Vaho es algo muy valenciano como la arquitectura, aunque lo que falta es estruendo en el poemario. Pienso en la llegada de los diputados de Compromís…

Los valencianos tienen fama de escandalosos y el tema de la pólvora…, sí que es verdad que mi pueblo no es especialmente silencioso, aunque está rodeado de campo, pero sí que quizá soy poco valenciano. Siempre he sido más espectador que lanzador de petardos…

En la forma de pensar los versos tal ve la sordina final de la mascletá, ese polvo que queda en suspensión y esa angustia, pero no son poemas que te golpeen de forma brutal, son más punzadas.

Pues me parece una buena interpretación. Si que no hay mucho grito y sí un tono más comedido y más bajo, pero intentando conseguir los efectos. El aspaviento, el grito, es algo de lo que desconfío.

¿Has dejado definitivamente la arquitectura?

Que va, la arquitectura es mi oficio, es lo que me da de comer.

Pero hay más un escritor que un arquitecto dentro de ti.

Yo te diría que sí, pero es una pregunta muy difícil. Soy muy consciente de que quizá tampoco podría dedicarme sólo a escribir y quizá necesite esas dos vertientes. Ya debería estar en la oficina y cuando llegue me van a matar porque hay miles de cosas que hacer. Sigo por supuesto, porque no sé si muchos escritores viven de escribir… Esto igual sería en el siglo de Oro y lo mismo pasa con la música, salvo que sea Beyoncé.

Espero que no sea una comparación personal.

Hay que tener ilusiones constantemente por hacer cosas.

¿Salvadidas es errata o buscada?

Errata.

¿Pensaste en Dido? Como hablas de emprender una carrera, salir.

No hay ningún juego. Hay sutiles juegos a veces, pero no hay patrocinio desafortunadamente (concluye sonriendo).

 

Alicia González

 

Y porque escuchar a veces es mejor que leer…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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