Loco en silencio

leon-tolstoi-descansando-en-el-bosque-retrato-de-ilya-repin Molinos enflaquecidos, enjutos, simulan su estampa quijotesca para pasar desapercibidos como un corrupto en el escaño. No importa, el hidalgo tiene lista su adarga -la única que le han dejado, la palabra- para batir a los gigantes, por metrosexuales que sean ahora. Ya no son los malos lombrosianos de antaño y la del Toboso se ha vuelto a casa, a Ulcinj, harta de tanto inútil requiebro. No queda más que reconocer la evidencia: que es mejor compañero de camino el seso que la fabulación y que los vicios, mejor callados. Bien lo sabe un don Alonso que vendió a Rocinante para hamburguesas, aunque suba cada noche al desván a escondidas para acariciar a  Clavileño, con calma, casi a modo de desacato. ¡Si no, no habría manera de aguantar el telediario! Dicen que los niños en Idomeni se están volviendo locos… Quijano se vuelve al espejo y se ve mayor. Se sienta ante el portátil y busca un vuelo barato. Hay ahora mucho territorio comanche para un desacoplado y mucho menesteroso al que la justicia de los hombres ha abandonado. ¡Ni qué decir de la mano de Dios! Loco bizarro abre el ropero, se ajusta la celada y musita entre dientes el grito comunero: “…¡Y muera el mal gobierno!”. #MolinosQuijote

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