El silencio y la soledad

Autor: Paco Gómez (Archivo Colectania)

Paco Gómez documenta la ciudad cuando nadie se ocupaba de retratar las calles. Sus instantáneas capturan ese Madrid yermo, de espacios sin construir, pero al mismo tiempo asfixiantes como sacados de la retina de Rossellini, si queremos sobrecogernos, o Bardem, si optamos por la amarga ternura. Sólo tenemos que sentarnos frente a aquella familia de Turégano y su despertador en primer plano para poner rostro a las conversaciones familiares. No estamos tan lejos de la reciedumbre de esas mujeres con las manos cruzadas sobre las piernas ni de aquella otra con la mirada perdida en Dios sabe qué guerra, o sí, sí lo sabe pero no quiere recordar sus muertos con ella. Hombres de boina con el cigarrillo en el gesto que no en la mano a punto de partir para Alemania con lo puesto, la ignorancia y el atrevimiento que da la necesidad. Por eso que no falte el altarcillo en la esquina,  ni los retratos de familia, los dioses manes que son los únicos que nos pueden proteger en esta sociedad de hambre y paredes con barriga.

Tranvía-en-el-paseo-de-Extremadura-1959-1024x745En sus imágenes Gómez nos incita a la soledad y al silencio que parecen formar un todo con los escenarios muchas veces arquitectónicos de sus composiciones fotográficas. Este “raro” de la Escuela de Madrid, ahora reconocido con esta muestra que acoge la Sala de Exposiciones del Canal de Isabel II, rescata para el espectador tranvías casi colgados en ninguna parte -en alguno imagino a mi padre subir en el último momento desde un barrio de Moncloa que aún olía a desolación y no a juerga de estudiantes-. Tranvías que conducen al Paseo de Extremadura de una urbe fantasmagórica en la que el hombre es prácticamente un insecto como esos niños jugando al fútbol frente a una mole arquitectónica en el Barrio de la Concepción.

Antes de que se pusiera de moda el safari urbano Paco Gómez ya conservaba las llagas de las paredes de la ciudad en las que el retratista ve un Cristo de las humedades y los desconchones y callejeaba para capturar al niño que no levanta un palmo del suelo pero observa ya a la madre de rodillas sobre la tabla de lavar. Mundos que nos conmueven y nos amenazan con su verdad, porque cuentan lo que la historiografía oficial siempre silencia: si somos lo que revendemos, si vendemos nuestros despojos, no hay mejor estampa que esa carrocería de camioneta sobre unos caballetes de hierro. Es la España desvencijada la que está en venta en la foto del 57 y ahí no hay propaganda que valga.

Abuelo y nieto.jpgArchivo Paco Gómez. El instante poético y la imagen arquitectónica” es el resultado de la investigación de Alberto Martín, comisario de la exposición organizada en colaboración con la Fundación Foto Colectania, sobre los más de 20.000 negativos del fotógrafo donde cobran especial relevancia los estudios sobre los volúmenes en una ciudad que empezaba a despuntar con el desarrollismo, pero también los trabajos objetuales y el retrato de los tipos humanos en esos ambientes casi rurales de portones de madera y niños aún con aspecto de posguerra. Cuadros fotográficos de un autor “inquieto” que se interesa por la tierra cuarteada, un banco vacío o la herida que un edificio demolido deja en otro, arriesgadas propuestas de infinitas lecturas para el espectador que quiera conocer la España del “Cuéntame” más allá del pastiche.

(“Archivo Paco Gómez. El instante poético y la imagen arquitectónica”. Sala de Exposiciones del Canal de Isabel II de Madrid. Del 20 de abril al 24 de julio del 2016).

 

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