Crónica natural

barba La anticipación de escoger el campo semántico con el que informar de la muerte sin que ésta vuelva a reabrir la herida. Andrés Barba busca consuelo en el saberse compartido en el proceso de duelo. Mucho antes de la intuición precedida por “la música del golpe” alojó en él preguntas y en el padre, el aprendizaje de la enfermedad que no se rendía al cuidado propio y sí al cariño ajeno del repartidor serbio. Suele pasar…

Y en esa sabiduría de nuevo cuño hallamos la aceptación y la ansiedad por seguir acumulando experiencias juntos para olvidar los tiempos de la lentitud y restaurar “la memoria al tacto”. El escritor recuerda cómo el hijo actuaba resuelto para el padre, descubriéndose en sus mentiras, recitados ancestrales de hijos para calmar a la madre en la distancia.

El poeta madrileño vuelve al banco portugués, a los “animosos holocaustos dominicales”, a la máscara de yeso, que sin ser mortuoria guarda la caricia que hoy lee con otros ojos. Barba reinventa la mirada infantil del padre muerto, anclada en esa Huelva inexistente que le regala “el placer de las imágenes” indubitables para asombro de los niños, del niño Andrés, “inmóvil, mirando la luz”. Igual que el padre sentado, observando las horas que creyó últimas, finalmente rodeado de la bandada de pájaros familiar que reconviene ese miedo solo del viejo desvelado a sí mismo en la torpeza estupefacta del robo. Agradezcamos al autor que abra la puerta a las bestias familiares que aguardaban encerradas durante las tardes de consulta y nos relate cómo la eficacia, realismo, cautela y fe quedan de herencia en los huérfanos a la muerte del padre, incluso el conocimiento del tránsito que hoy rechaza.

Alicia González

Crónica natural

Andrés Barba

Visor, Madrid, 2015

82 págs.  

9,50 €

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