El mentalista de Hitler

mentalista Mece al público con sus ademanes y promete adentrarse en la vida de los objetos. Erik Jan Hanussen destroza en su primer encuentro los planes sexuales de José Ortega, el periodista español destinado en la capital del sexo que charla con Peter Lorre en el Kakadu, alterna con baronesas y gitanas en el Palais de Danse y presume de una falsa estirpe de matadores. Tanto aquél como Hitler son oradores electrizados para un público necesitado de ilusiones, avergonzado por la derrota.

La reivindicación de la pureza y el combate contra los rostros traidores de socialistas, pacifistas y judíos en las presidenciales a los que hay que vencer en las escaramuzas de campaña son los argumentos. Allí coincidirá con Xammar, el corresponsal del Ahora de Chaves Nogales que entrevistó a Hitler con Pla en el 23 al que definió en su crónica como “necio monumental”. Es la protohistoria del cabo chusquero que con su acento arrabalero y su corte de pelo de proxeneta disputa el mando al mariscal Hindenburg, pese al desprecio de los conservadores.

Hanussen es todopoderoso y hasta se permite la licencia de publicar sus “chistes” en sus diarios. Gracias al clarividente ese Ausländer de la Babilonia que es Weimar se corona como esperanzadora alternativa a la desolación del armisticio. Mientras Armesto, compañero del fingido sobrino de Joselito, yerra el tiro creyendo ver en Alemania la sociedad del futuro. Otros más certeros como Bruno Frei intentan desenmascarar la superchería nazi que tiene en los portadores de la Schmiss una de sus señas de identidad y en su adn racista la admiración por los Reyes Católicos. Ya sólo queda dar con la mandrágora… Así que ignorancia dentro y estupidez fuera aúpan al Rasputín del führer. Y sí,  nos quedamos con los estadounidenses, poco imaginativos y prosaicos según el mago. Seguro que de conocer la historia de los exterminadores él también.

Alicia González

El mentalista de Hitler

Gervasio Posadas

Suma de Letras, Barcelona, 2016

400 páginas

17,90€

 

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