Ciudad del hombre

fonollosa Escribe con “Los pies en la tierra” y la mochila de sus estancias como vendedor de mistos en La Habana y paseante abducido en Nueva York. Integrante del Hot Club de Barcelona Fonollosa traza sus caminos para participar de los espacios urbanos, comunicar, representar la ciudad, y ser su memorialista despersonalizado, uno más. El escritor busca sentirse ajeno, incluso aunque el mundo que habite sea que el hayamos decidido y reconoce lo fácil que es la muerte y la destrucción en nosotros. De hecho, la familia es esa “mano que aguanta la cabeza para que permanezca bajo el agua” y el odio el elemento cohesionador de la sociedad. Amante en potencia, anhelante, suplicante, lo vive intensamente, aunque sea una emoción pasajera y con tintes de posesividad y se transforme rápidamente en un dolor que persiste. “La insistencia es la clave del acierto” y la soledad, la esencia del poeta, fortalecido por el aire de la ciudad en que se reta para mejorar constantemente sin ceder al chantaje del cuerpo o a los prejuicios morales del barrio. Para Fonollosa la mujer salva sus carencias, en tanto él “no me resigno y busco en vano”.

Autor de esa “música insólita aún inédita” confiesa su confianza al modo cervantino en su obra y en el valor de la herencia recibida, pese a que pretenda escapar de lo que es, sabiendo que no es fácil. Fases como “Mis zapatos me llevan al camino, /El camino está lleno de ciudades”, llevan en su génesis a Teócrito, a Homero y Fonollosa usa a Gimferrer, Vallcorba como argumentos de autoridad para defender sus textos y recurre a Peckinpah para justificar esa “poesía de la violencia” que impregna lo cotidiano de su aserto “la plenitud del ser está en la muerte”. Toda una prevención contra la innoble tarea de vivir “recorriendo caminos repetidos”, mientras los jóvenes mantienen la llama que la frustración no alcanza… “Todavía”.

Alicia González

Ciudad del hombre

José María Fonollosa

Edhasa. Barcelona, 2016

384 páginas

24 €

 

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