Depósito de objetos perdidos

leonor En el pórtico, la mira desnuda, pero deudora de la tristeza y el recuerdo con la vista puesta en la muerte. Sus catálogos de ausencias revientan ante nosotros sobre todo los días ociosos para conducirle hasta una “tarde de fiebre sin colegio” y ponerle frente a su vulnerabilidad. Su descenso a la memoria consiste en resolver sin buscar, repetir sin lograr que la experiencia reviva.

Vemos al poeta regresas a esos pupitres azorinianos y un universo desvencijado que, sin embargo, siente más lugar que ese estar “perdido para siempre en las afueras”. Vivencias a veces fingidas por el tamiz mentiroso del niño que los soñaba y los grabó con firmeza, porque “antes se hereda un tango que el color de los ojos”, reescribiendo un pasado que fue delante del gramófono, pero llegó a ser en la sombra duplicada de la foto. El escritor indaga en la historia a través de sus registros, los discos, las presencias compartidas que vuelven “fantasmagóricos” los lugares del encuentro. Y con sus carpetas y esos miedos tan presentes asegura sentirse a salvo en la acumulación, a pesar de que no se reconozca en esa realidad desprendida de sí, vaciada de sentido y sin arreglo, convertida en voz en off de su propia vida. A partir de ahí, los borrones que quiere enmendar, esos momentos intensos recuperados en los versos que llenan historias que quedaron en blanco, en ningún caso perdidas, sino vividas al hacerlas presente.

Alicia González

Depósito de objetos perdidos

Juan Carlos de Lara

Diputación Provincial de Soria. Soria, 2016

64 páginas

 

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