El día más blanco

zurita En el instante de la belleza, la última, el protagonista recompone imágenes inicialmente confusas que luego van cobrando cuerpo de su infancia. Entre ellas, la del retrato del padre, al que no conoció frente al que rinden cuentas él y su hermana, percibiendo cambios de actitud inexistentes para todos menos ellos y la nonna, Veli que ilustra a los chiquillos sobre los paralelismos entre su madre y los tormentos del conde Ugolino de la Divina Comedia. Otra, la del encuentro con aquel tío Agustín, que pese a lo chueco de sus caras, tenía los ademanes de artista.

El autor prosigue con las escenas de lo abandonado y esa banda sonora de las muertes en la familia que pone Cavalleria rusticana, siempre en año bisiesto. El torrente de la palabra le conduce de un tiempo a otro para mostrarnos las primeras humillaciones, preludio de las que llegarán en los años de las botas, su intuición de la percepción del alma como ese aliento gélido, a partir de tanta lectura de Dante, Leopardi y Víctor Hugo o su primer cuento sobre una noche en la playa, trasunto de la impresión dejada por La Strada en el niño que contempla el llanto de un hombre derrotado.

Recuerdos que se entremezclan con los camiones de la dictadura bien recibida por la vieja fascista, gruñona con la fealdad y el desorden de los rojos, hasta que el nieto y los años le hagan cambiar el discurso. Unas elecciones presidenciales enmarcadas por el cartel con unos anteojos, semejantes a aquellos de Dios en El gran Gatsby, que tampoco aquí amparan “las mareas de los pobres”.

Alicia González

El día más blanco

Raúl Zurita

Random House. Barcelona, 2016

196 páginas

15,90 €

 

 

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