Hijas ilegítimas

 

alfredo-gonzalez Desamor a solas porque el otro ya es feliz y “no hay manera / de verte sufrir todo lo que fuimos”. Es lo malo de enamorarse de quien vive de puntillas según el autor. A ella le pide una segunda oportunidad, pero ya es demasiado tarde para arrancar los puntos suspendidos que terminan una llamada. El peso de la propia libertad convierte al autor en esos “dos hombres buscándose en la niebla”, necesitados de olvido y de comprensión.

El escritor se declara hombre de posesión -no sabemos si esta categoría entra dentro de lo políticamente aceptable-, aunque el fruto de su “asesinato” lo padezca otro y el dolor “de no estar muerto” quede para él. A partir de ahí la falsa perfección aceptada le permite asumir desde su ars poética la soledad no pedida y crear líneas que son las hijas ilegítimas de un amor frustrado. El poemario hace un decapado de las pérdidas en el desenamoramiento como los nombres pequeños con los que se llaman, nos llamamos los amantes, los encuentros inesperados de prendas dejadas caer, las canciones no escritas y el humo presente por su memoria de ausencia. Canto en fin a la despedida con una invocación a esos “árboles sin hojas /que gritan al cielo (que) somos tú y yo”.

(*) BandaÁparte es la editorial que ha apostado por sacar a la imprenta los trabajos ajenos a la canción de creadores como Guille Galván (Vetusta Morla), Raúl Bernal o Santi Campos.

Alicia González

Hijas ilegítimas

Alfredo González

Bandaàparte. Córdoba, 2016

64 páginas

15 €

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