Los sueños, el amor, las intenciones

 

intenciones A los que dudaron de las intenciones de los hijos de la Memoria Histórica aconsejaríamos leer “Nuestra tierra”, uno de los poemas iniciales del libro, para que se topasen con esa “Tierra con sangre regada / está cansada de sangre” y descubriesen que “la medida del corazón del hombre” es una manzana sin gusanos. Poemas en versos compactos   y esperanzados, aun retratando una dolorosa España -calcos machadianos incluidos-, porque los otros son el reflejo del tiempo propio desterrando la tendencia innata al autoclave.

Suburbios, trabajadores, cadenas y falsas heroicidades le dan pie a Carlos Álvarez para cantar a la hermandad y la victoria de los hombres en busca de caminos y libertad, cifrada en la clandestinidad de las lecturas en los años de la dictadura. El autor tiende desde sus líneas la mano, aunque golpee a martillazos como la lluvia sobre la desigualdad, siendo la palabra el percutor que nos distancia de la muerte. De ahí que la siembra de lo futuro coincida en el espacio con la condena de un sistema opresor que el imaginario de los creadores transmutó en monstruos de novela; valga el ejemplo de ese estudio de la licantropía. Del otro lado, los líderes del comunismo global, las advertencias frente a conflictos aparentemente ajenos, las voces sociales de Blas de Otero, Celaya, Ángel González, los compañeros encarcelados por reivindicaciones como la de una Andalucía distinta y entre todos esos gritos, la fraternidad resumida en “la plaza del nosotros es hermosa”.

Alicia González

Los sueños, el amor, las intenciones

Carlos Álvarez

Adeshoras. Madrid, 2016

482 páginas

15 €

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