Que viene el lobo

que-viene-el-lobo Comenzamos sin engaños, sabiendo que la tradición sólo puede reservarnos un mal final y que los atuendos como las personas no siempre nos favorecen. A pesar de eso iniciamos el ensalmo contra la página en blanco y contra el miedo, que no presagio, por el conocimiento que tenemos de lo que supone internarse por ciertas sendas. A veces el atractivo del trayecto nos impide aceptar la evidencia, que el fin sin contratiempos justifica los medios y por eso nos empecinamos en seguir cuestionándonos todo –hasta la ubicación anatómica de la indiferencia- y encomendándonos a dioses de guardia.

La autora del premio Nicanor Parra debate incluso las bondades de la psicología frente a una terapia lírica que no es más que “pasar a verso / todas mis miserias” o las razones de designar al amor con nombres de oficios inexistentes.

Los cuarenta son la edad del peligro para esta Caperucita a la que el miedo le ha tomado la delantera yque aprendió la dualidad moral de los seres humanos de “La isla del Tesoro”, la funesta contabilidad de ser poeta o la invocación inconsciente a la lluvia con el sortilegio del paraguas. Su universo material ya no es de este mundo, pues es mujer entrenada en las ataduras de una cabina telefónica y en las excusas de disfuncionales poetas apresados en cancioncillas infantiles que con el tiempo se vuelven odiosas. Omisiones culposas y añoranza de la infancia con sus certezas de tiza que, no obstante le hacen decir que no parará hasta averiguar la verdad tras los finales de cuento, a sabiendas de que su spoiler consiste en pelear con un destino fatídico.

Alicia González

Que viene el lobo

Itziar Mínguez Arnáiz

La isla de Siltolá. Sevilla, 2016

72 páginas

10 €

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