Casa Útero

butragueno La palabra cauteriza la sensación de muerte, a pesar de que la ansiedad nos obligue “a ser / los tantos otros que somos”. Antes la juventud era una hoguera cantando y muchachas dolorosamente ardientes y ahora que el espíritu flojea se pregunta la autora “cuál de los otros que soy me justifica” con toda la violencia de esa necesidad de sentirse viva. Bárbara Butragueño quiere despertar la fiera para que la culpa, “una forma de avaricia” no termine de emborronar su identidad y piensa en la maternidad como hogar del lenguaje, para desde ese emplazamiento decidir “que vivir no es suficiente”.

La escritora, ilustradora y abogada madrileña aún confía en la existencia del hombre puro, sin la amargura de estar no estando. Pero los años abisman a quien “se ha acostumbrado a contemplar el mundo” en una atalaya deshabitada en la que ve ya los sueños incumplidos como lacerante aceptación para poder ser libre y emprender nuevas rutas. Derrota, belleza, están presentes en una autora que abraza su pasado y se perdona por no haber comenzado esa búsqueda, sin entender las razones de que seres parejos no se reconozcan en la fuerza y sí en la ruina, incapaz como se percibe de “romper en llamaradas”, intuyendo que vivir es sobreexponerse. Y una vez que se asoma a ese miedo toca la miseria a partir de la escritura en la que el lenguaje es un “vagón metálico”, chirriante al que se aproxima “con mis grandes guantes y mis manos imprecisas y es hora de coger a la criatura” para hablar desde ella con verdad como en una eclosión de sangre y flores.

Alicia González

Casa Útero

Bárbara Butragueño

Calambur. Barcelona, 2016

78 páginas

10 €

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