En busca del Gulf Motel

blancoRicardo que ya no lo es tuvo su particular boarding home en Miami en ese motel de vacaciones que conserva los instantes congelados de un hombre “en busca de todo / lo que debería ser… pero ya no es”, el paraíso entre manglares.

Hijo del guajiro nixoniano, reniega de su nombre y sus apodos y opta por tomar posesión de su imaginación y ser americano como la tía Margarita Johnson en una casa “sin revolución, la casa en un solo país, no en dos”, En sus palabras está la bendición de sentirse desplazado al oír Guantanamera que no siente, pero tira la toalla de ser americano, pues duda de su país de acogida. El nieto del asturiano conoce el olor de los campos “que se endulzan en silencio” y se sabe consecuencia fortuita de una historia por completar entre la vendedora de guayabas y el trabajador de la zafra, de las recriminaciones de la abuela al niñito maricón. Asocia Cuba a la muerte y viaja por sus carreteras divisando el fantasma del Che, negándose a amar a la isla que le susurra “aquí eres el otro”. En ella encuentra las historias de la lucha, la simplicidad de vivir desde “la fe de las palmas” o la memoria de todos los amores realizados, aunque fingidos y otros que no se consumaron, pese a todos los “tal vez” y concluye: “todo lo que soy todavía está aquí”. El otro yo, “idéntico y opuesto que / sueña en palabras, todo lo que nunca /entendí” como la tristeza eterna inmortalizada en aquella foto y otras sabidurías como la de aceptar el momento en que uno acepta que no podrá salvar siempre a la madre del ataque de los indios. Habrá que seguir si el verso preferido de Obama es el de “soy un hombre cansado de ser hombre” o palabras que escondían un misterio más trascendente que fractales y patrias.

Alicia González

 

En busca del Gulf Motel

Richard Blanco

Valparaíso. Granada, 2016

182 páginas

14 €

 

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