Ordalía

ordaliaEl uruguayo demuestra su inocencia en el juicio poético siguiendo el ejemplo bíblico, tal y como lo hiciera “Lot y sus caricias de beodo / sobre las hijas / desnudas de adjetivos”. Porque para adornos vacíos ya están la publicidad y el marketing que nos arrastran a la comunión consumista. Entretanto Dios entrega a su hijo al matadero como Vonnegut a sus personajes en la Dresde asediada. Como en aquella, en la Sodoma arrasada siempre queda sitio para satisfacer la barbarie, aunque sea casi necrofilia salina, y la presencia de Dios se manifiesta por incomparecencia en una ciudad condenada, porque “la realidad es obscena” y la existencia se cifra en la sexualidad de las palabras y el cuerpo que todo cuerpo oculta -aunque en el centro de uno mismo no se encuentre y la sombra sea el “mapa torpe de la soledad”-.

Más adelante nos sobrecoge el sueño de la madre muerta que somos nosotros y las alas abismadas de quienes con mirada infantil siguen asomándose a los cielos. Faulkner está presente en esa fe agónica que no comparten sus conciudadanos del circo hispánico. El texto nos sujeta a la cruz del tiempo y la noción de espacio se define en el poemario del Premio Casa de América 2014 como erótica, juego de ocultación con el que “inventar el cuerpo absoluto más allá de la forma”.

Juicio al Señor de las Moscas, enviadas para lamer “la certeza corrompida / del mundo”, desde la convicción de que la justicias y la igualdad están proscritas para “aquellos que caminan / lento”.

Alicia González

Ordalía

Rafael Courtoisie

Huerga&Fierro. Madrid, 2016

62 páginas

12 €

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