Princesa Leia

princesa-leia Herimos la Tierra con nuestra huella de violencia y a pesar de ello la construcción humana más reconocible desde el espacio es la esperanza. Es lo que constata Begoña M. Rueda en su “Apolo XI”. Sus versos son siempre breves acrósticos del binomio permanente del ser humano que pliega las alas de papel de un avión con el que ejercitar la libertad que le falta. Imaginación frente a restricción, el miedo a lo desconocido contra la capacidad de disfrutar el instante que sucede siempre al pánico de la superstición. La jienense le parecerá a alguno aún una niña, y lo es, porque no ha perdido el cansancio de la que no quería jugar a ser sólo mayor. Y suyas son las plegarias por un mundo que no sacrifique la belleza y los sentimientos terrenales, suficientes, que en nada desmerecen las pasiones que la poeta soñó en plantar lejanos, a no ser que los lugares comunes adornen con frío el calor que todos suponemos en un instante de amor, alumbrado por estrellas muertas donde concurre ese mundo “al que ya no necesitamos regresar”, regido por la órbita gravitacional del ser amado o la belleza hipnótica y azul de las praderas en Mongolia. Begoña parece conocer el clima de Marte que hace inútiles los paraguas y escuchar los mensajes inaudibles de los náufragos plutonianos. Un poemario que encandiló al jurado de la segunda edición del Premio Antonio Colinas y del que su abuela se hace cruces seguro, al descubrir que las mitologías de cine de la nieta ficcionan guerras que ella ya conoce con menos misterio, aunque comparte la memoria de la desolación de esa perfecta anónima que es la princesa Leia.

Alicia González

Princesa Leia

Begoña M. Rueda

Siltolá. Sevilla, 2016

48 páginas

10 €

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