Cavado (hasta el silencio)

 

cavado Dos décadas de escritos del colombiano, pensador de la liturgia del polvo y de la danza siniestra del pájaro (pluralidad de un yo zoológico) que sobrevuela a los que esperan la liberación en las selvas. Gracias a García Quintero sabemos que “el río la escucha [a la piedra] si el viento le conversa”. En los versos juegan los contrarios, aunque todos ellos carguen la esencia del que asegura que “todo lenguaje es nominación de la arena”, aquella que vemos crecer en la distancia y los ojos cerrados. Estamos ante el poeta que nos descubre cómo “las gallinas dormidas /picotean el universo” en el corral de la abuela. Eran los años de la educación, la división y la resta -duros aprendizajes de graves consecuencias en la sensibilidad infantil- y momentos ilustres como la primera meada en el hoyo de las canicas. Porque en el pisar la tierra el niño hoy hombre se reconoce en las aves que “perdieron el vuelo”. El autor nos “aparta un trozo de paisaje” para deslizarnos con él por esa “montaña de sólo aire el pensamiento donde el / silencio se despeña” y esa naturaleza devuelve al ser humano la fraternidad para la sola e inmutable voz del dolor, ofreciendo los “hondos sembradíos, en que parte el deseo”, pues en él encuentra el triste la felicidad que es “todo mirar el vacío”. La constancia de la muerte está presente en cada palabra, en el “vacío del aire” que soy o, ya que incluso “al amor, animal del miedo, / le nacen dientes y uñas”. Un poemario que evidencia la incomunicación del ser tal como expone “Los huesos y el aire”, mientras la sucesión de la vida se resume en “de azul a rojo, el mar ocurre”, “polvo de lo mirado”, donde el cuerpo no es recipiente yacente para la voz empeñada en “entregar más palabras sin mundo al mundo sin palabras”.

Alicia González

Cavado (hasta el silencio)

Felipe García Quintero

Siltolá. Sevilla, 2016

128 páginas

12 €

Anuncios