Vilanos por el aire

vilanos Lo imaginamos -a sugerencia suya- sentado frente a los retazos de la biografía de Cirlot como un niño creando un mosaico, con todas las teselas esparcidas y en cambio, despojado del lastre de esa exhaustividad cuando cambia al gremio novelesco. Rivero Taravillo tienta a acertar en la cualidad eufónica de la poesía, “lugar de la emoción” del lector y en su condición de tal escarba en cada obra para a veces encontrarse manchado de tierra, aunque su optimismo le haga ver siempre los márgenes donde ensartar un buen poema. Pero no se crean que todo es literatura, porque en estos aforismos están las estrellas de “la galaxia del naranjo”, el teatrillo de las miserias al que asistimos con el descorrer de las cortinas del vecindario, los fantasmas que nos esperarán en “los museos que nos gustaron”, la contundencia del reloj marcando “horas ajenas” o la tiranía magnética del ordenador, y las nocivas costumbres que introduce “la prodigalidad de lo ilegal”. Se agradece que no busque amistades y que entregue a la edición estas ramas con las que quemar en la hoguera de la vanidad acentos críticos imperdonables porque, cuando uno tilda de “memorable” un texto, Rivero y casi todos sabemos que el experto lo que está es ahorrándose unas horas de lectura. Que no hay adverbio innecesario, sino obligación de emplearlo como el alquimista, con función narrativa, sin malgastar su esencia en vano. Una actitud de exigencia lectora que hasta el frutero percibe. Y anticipa su descortesía al privar “al lector del placer de subrayar, en un texto mayor, las oraciones brillantes”. Así que, ¡procedan! P.D.: Tal vez en homenaje a Jardiel redacta el glosario que a modo de corolario incluye definiciones en clave freudiana como la del blog o la del taller de escritura con la que, permítanos disentir.

Alicia González

Vilanos por el aire

Antonio Rivero Taravillo

La isla de Siltolá. Sevilla, 2016

100 páginas

10 €

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