Barro desnudo

mujica Barro por lo de generador, barro porque si se seca se cuartea y esa sed es la aspiración de conocimiento. Como materia frágil el poema perece sin línea del horizonte, aunque en “la hora de la melancolía /…/ sentimos más propio: lo que todavía de nosotros / no dimos a luz / en la vida”. La poética de Mujica crece en torno a un paradigma temporal emocionado, por cuanto desterramos la evidencia de que nuestro presente es cumplimiento y nos refugiamos en un individualismo destructor, cuando es en el espíritu colectivo donde nos creamos. Una creación presentida, a la intemperie, porque lo lejano es el paraje interior que nos constituye. Hay que darle la razón al argentino en su reflexión de que “son las grietas / en los muros / las que insinúan / otros senderos”. O como se expresa líneas más adelante, soltado el lastre es el momento de alzar el vuelo y de dejarse seducir por lo desconocido “que nos trae lo que somos”. Y en ese ser se incluye la conciencia de ser prodigio gratuito y caduco que nos exige romper esas amarras para “entregarse a nada”.

Poemas de reflexión comprimida en la mirada desnuda al paso del río, puesto que la carga de la muerte es redención de un pasado que no volverá y a la vez despojo y olvido. Para esculpir ese LXIII “lo que buscamos no existe, / al vivirlo lo creamos” y sólo se alcanza saltando al abismo “que cada uno somos”. Minimalismo casi oriental que cuenta el sentimiento de pérdida, de sombra descorazonada y otorga una dimensión real al miedo a la vida, confundido con el hombre insaciable de “el todo que buscamos”.

Alicia González

Barro desnudo

Hugo Mujica

Visor. Madrid, 2016

100 páginas

18 €

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