Los tambores del tiempo

Compasión bélica y poética, advertencia contra “la hambruna del pensamiento y del sentimiento”. El estallido de la guerra se interpreta aquí en clave de desgarro del progreso por parte de quienes tienen en los escribas el arma idónea, “voceros de la lealtad”, mientras “los que aman con el más grande amor / entregan su vida, sin odio”. Esta guerra de Owen desparasita de incómodas adherencias propagandistas la contienda, hablándonos de las manos de los muchachos que no parecen percatarse de que están luchando, apartados por sus propios compañeros en el frente como despojos, víctimas de la deshumanización que se vive en las trincheras, en tanto las familias lavan sus manchas de conciencia para presentarse limpios ante el capitán general Dios, aunque “a la muerte se la combate “por unas vidas, no a unos hombres por unas banderas”. Las opciones parecen descartar la supervivencia en lugares insalubres como los descritos, árboles malditos entre cascadas de lodo que los amantes de Kubrick conocerán ya por “Senderos de gloria”. No hay luz en el Somme, sólo el espanto enseñoreándose mientras al joven soldado “el coraje se le escurría”. Wilfred Owen se pregunta por la superación de esas infamias que acallan el sufrimiento de los camaradas en armas y define la ráfaga más helada como “la palabra escueta / que impele a todos, cuerpos y almas” frente a las risotadas de las metralletas. Y su voz se acrecienta para elevar “los suspiros de los hombres que no tienen / destreza para expresar su aflicción”.

Alicia González

Los tambores del tiempo

Wilfred Owen

Funambulista. Madrid, 2016

288 páginas

16,50 €

Anuncios