Letizia

 

letiziaHabiendo un gato con afanes diabólicos de por medio un editor como éste tenía que atreverse a invitarnos a unirnos a este cortejo fúnebre. Un evento lleno de sorpresas, desde el desdoblamiento de la muerta bajo la lluvia en una visión cadavérica mejorada a la que aún se puede abrazar en un atroz espejismo. Carrera fantasmagórica en un carruaje que no es tal, porque solamente transporta a vivos a los que no persigue más sombra que la de Letizia. Y personajes que son crímenes en vida como la duquesa Burgundófora, mientras la noche insiste en arrastrarse “como un pulpo por las ventanas”, cual Cthulhu vagamente humano, mientras la comitiva se refugia del ritmo africano de la lluvia a la luz de los cirios. Nos parece estar oyendo a Narciso Ibáñez-Menta con voz cavernosa relatarnos el abandono de la fallecida sepultada en la tierra empapada, blanca novia devorada por los gusanos en la ciudad gótica, bajo una luna verde y oxidada. Sugestionados por el parecido entre ella y Carola asistimos a una escena merecedora de la mirada buñueliana en la que sólo Saprofena se santigua y encierra al ser la única en percatarse del drama provocado por una infidelidad que deviene en culpa buscada y pasión necrófila. Hay quien escarba y lee en estos pasajes a la Vera de Villiers de L’Isle-Adam, y quien verá en el ventano al Bécquer de las Leyendas o al Espronceda que velaba a Teresa. No se inquieten, no sólo está Poe en ese segundo nivel de lectura, piensen en el debate independentista y descubrirán quizá un ejercicio retórico en torno a esa calesa que va a ninguna parte.

Alicia González

Letizia

Salvador Espriu

Polibea. Madrid, 2017

108 páginas

10 €

Anuncios