Muerte y amapolas en Alexandra Avenue

avenue

Muerte y amapolas en Alexandra Avenue

Eduardo Moga

Vaso roto. Madrid, 2017

136 páginas 

19 € 

Nos enfrentamos a la “negación del estar” aeroportuaria, en lo que podríamos denominar el síndrome del emigrante, ante la “turbulencia y la indocilidad humanas”. Aunque sea éste un viajero del primer mundo, tras ese vuelo de ataduras y restricciones, el ahogo cotidiano persiste en el exilio. De ahí esa declaración de Eduardo Moga: “El sol desgarra las nubes, / como si se estuviera ahogando, / pero soy yo el que se ahoga”. Desde esos versos y fragmentos casi de diario íntimo el barcelonés clama contra la atrocidad de los impasibles al sufrimiento con gritos impronunciados. Como el autor somos “este dolor anegado de tedio” y comprendemos el malestar vivo por la apariencia, el fracaso y las sombras que anidan en el petirrojo, porque pese a la creencia generalizada como dice el poeta catalán “las multitudes sofocan la piel: cercenan la transparencia” y para quien busca reconocerse en el otro le arrebata la posibilidad de disentir. Por eso en la conclusión de “Muerte y amapolas en Alexandra Avenue” Moga ve correr a la soledad cuando no espera nada, desde esa perspectiva de humanidad urbanita que nos trae a los “Hijos de la ira” de Dámaso Alonso y nos obliga a dejar de arañar el aire cuando nos pesa la certeza de que “mi tierra es otra”. Porque es entonces cuando “el olvido ha empezado” sin el encontrar en el espejo ajeno ni abrazo ni juicio.

Alicia González

Muerte y amapolas en Alexandra Avenue

Eduardo Moga

Vaso roto. Madrid, 2017

136 páginas 

19 € 

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