Contrarrestar la barbarie en verso

Al Mutanabbi Street, Baghdad, was bombed in 2005 and 2007 but is thriving once more. Courtesy Maad Adil

Calle Al Mutanabbi, Bagdad, bombardeada en 2005 y 2007. Cortesía de Maad Adil

Hablamos de la explosión de la poesía en España, pero nos olvidamos de la efervescencia que viven otros países. Lugares donde la poesía expresa emociones más intensas, porque la vida o la muerte son algo más que una figura retórica.  

La realidad que nos muestran los medios no corresponde exactamente con la que se vive en Iraq. La paz no ha terminado de consolidarse, pero la vida ha seguido imponiéndose y muy especialmente la cultura, ésa que los integrismos intentan reducir también a escombros. Y si hay algo que haga daño al radicalismo, de uno u otro signo, es el intercambio, la mezcla. El poeta iraquí Abdul Kareem Kasid lo expresaba así: “You put Allah / between me and you / That’s why you cannot see me / I rise Him up to the skies/ To see you”. Palabras que resonaron en Basora, que acogía recientemente una nueva edición del festival Al-Marbad, que contó con las voces de Amarjit Chandan (India), Aida Amidi y Masooma Ali (Irán), Muhamad Hamasi (Egipto), Samih Derweesh (Marruecos), Najah Ibrahim  y Souzan Ibrahim (Siria), Hani al-Selwy (Yemen) o Khalid ben Habib (Túnez), entre otros.

Basora es aquel puerto del que partió Simbad en busca de fortuna, donde desde 2003 la poesía proclama una tregua para miles de iraquíes. Es verdad que como nos recuerda Kareem “Basora es segura y la guerra está bastante lejos al norte, en Mosul, a unos 900 kilómetros”. Nos parece temerario quizá, pero también es cierto que “la guerra del terrorismo está presente en todo Iraq”. Su amigo Andy Croft, poeta británico que asistió al evento reconoce haberse sentido entre “emocionado, temeroso y curioso” cuando recibió su invitación. “Era mi primera visita a un país del tercer mundo, musulmán y en guerra. No sabía lo que me iba a encontrar. Pero Kareem me aseguró que Basora era un lugar tan seguro y tan peligroso como cualquier otro”. Y con esa fe hizo las maletas para encontrarse con “un intento por parte de los intelectuales de reivindicar la cultura e historia iraquíes después de la dictadura Baaz” que está posicionando a Basora como capital literaria del mundo árabe, “ahora que muchas están en ruinas (Alepo, Trípoli, Damasco, Beirut) o intelectualmente cerradas (El Cairo, Alejandría, Tunisia, Saana)”. Andy se encontró en un país con un 20% de analfabetismo un respeto casi atávico a la poesía: “el rigor con que la cultura árabe se toma la poesía es impresionante. En comparación la escena poética británica es banal”. Abdul Kareem nos explica que “la poesía no ha de ser escrita para legitimarse, pasa de padres a hijos y se mantiene en la memoria, de manera que un elemento de reconocimiento ancestral forma parte del proceso. La poesía oral puede ser increíblemente rica” y reconoce haber incluso utilizado algunas de sus formas en su propia creación, en la que conviven formas del haiku y la prosa poética europea con el verso clásico árabe. “El término `tradicional` -prosigue- da a entender que las tradiciones no cambian con el tiempo. La otra cuestión es la división entre “occidental” y “oriental”. Un estilo moderno no pertenece a un determinado continente, es universal”.

Lo que sí observó Croft en las sesiones es la ausencia de elementos performativos, porque “en el contexto del sufrimiento iraquí podrían haber estado terriblemente fuera de lugar”. Para Kareem en cambio, el festival fue un muestrario de emociones que “no sólo giraban en torno al dolor”, aunque coincida en otorgar un efecto terapéutico a la poesía. Sanación, pero también un choque con realidades que nos son ajenas como comprobó el británico: “Me sentí abrumado por la generosidad de la gente, aunque tuve que enfrentarme muchas veces a cosas que no entendía, como al escuchar a un poeta ensalzando las virtudes de una mujer que resultó herida por un coche-bomba del ISIS y que. aunque consiguió salir con vida, como sus ropas estaban en llamas y eso suponía que su pudor frente a Alá se veía amenazado, se subió de nuevo al coche en llamas hasta morir. Después de la lectura, entendí que mi discurso sobre la poesía como medio de explorar y celebrar nuestras diferencias era demasiado ramplón. Porque el poema alababa a las jóvenes como santas y aunque luego varias personas me expresaron sus reservas en privado, dos de nuestras traductoras nos dijeron que creían que esta joven había hecho lo correcto. Eso me hizo enfrentarme a los límites de mi propia comprensión, tolerancia y solidaridad”. Un poema que significó toda una tormenta de sentimientos encontrados entre el público asistente.

Kareem no tiene “la ilusión de que la poesía o estos eventos ayuden a la reconstrucción. El caos político y social puede aliviarse por muchas vías, quizás la poesía sea una, pero no la más decisiva. Eso no significa que no tenga ningún efecto, como lo tiene de un modo instantáneo sobre el individuo”.

Alicia González

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