“Pablo Iglesias, toda una rock-star en México”

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FotoFIL © Natalia Fregoso

 

La previsible rebelión de los Indignados contra La Movida en la FIL de Guadalajara

Se quiere “llevar la efervescencia” actual -en palabras de Luis Cueto, coordinador de Alcaldía de Madrid- a la 31 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), ahora que, dicen, estamos en el momento de la recuperación. Si el Madrid de la Movida trasladó a la creación artística su sexo sin miedos y su reacción a la crisis de los ochenta, la contestación a los recortes de los últimos años se ha visto más en las calles y menos en los garitos.

“Es un movimiento -dice Ernesto Castro, moderador “Acción y reacción. Madrid al límite” en la FIL- que desde el comienzo estaba inspirado en literatura, aunque sea pseudoensayo, como es el caso de Stéphane Hessel. No ha habido movimiento social en Europa que haya tenido tanto respaldo intelectual de todo tipo como el caso del 15-M ni la Nuit debout, ni lo que sucedió en la plaza Syntagma”.

Quizá fue ésa la protesta que rehuyeron los artistas de la Movida, defendida desde las fotos de Miguel Trillo y denostada por quienes vieron un experimento de “sedación” promovida desde las instituciones públicas. Rebeldía descafeinada, enfundada en los ropajes excesivos de Tino Casal. Ya ha pasado el tiempo necesario para desmitificarlo como hizo La Felguera Ediciones con “La Movida Modernosa” y ha dejado de ser peligrosa su reivindicación tanto como para que Cristina Cifuentes quiera resucitar su espíritu en un nuevo centro cultural. Sobre si existe un relato cultural recuperable, más allá del petardeo, Ernesto nos aclara: “La Movida es el ejercicio pleno de la posmodernidad como la ruptura de todo canon y la proliferación de poéticas individuales que no son posibles de subsumir bajo una misma categoría. En ese sentido habría que celebrarlo, porque no fue la construcción de un paradigma que todo lo engloba como la poesía de la experiencia o la generación del 27 y todo ese tipo de generaciones que crean como una sombra contra la cual deben luchar los seguidores. El rechazo a la Movida es institucional, académico y más bien político que de tipo cultural o de índole literaria”. Su padre, el crítico de arte Fernando Castro y comisario en la FIL asegura: “Para gente como yo que por edad vivió la Movida he comprobado que en España nos parece que es una gran cursilada descalificándola completamente como una cultura institucionalizada o subvencionada políticamente por el ayuntamiento de Enrique Tierno Galván y, sin embargo, en el extranjero se considera un fenómeno digno de analizar. Hay muchísima bibliografía americana sobre la transición, sobre lo que supuso la Movida, sobre qué había de político y de despolitizado en ella y en qué medida fue una especie de momento pop en que la ciudad de Madrid da su versión particular del pop. Lo hace con tres décadas de décalage, es decir, el pop ya está más que asumido institucionalmente en todo el ámbito internacional, pero, la anomalía del franquismo hace que la cultura juvenil y popular llegue en los años 80”.

“La Movida está más viva en México que en Madrid”

¿Y cómo se le explica al público mexicano lo que significó la Movida, un movimiento concebido para contradecir todo lo estatuido sobre lo que se podía crear, en todos los ámbitos frente a la aburrición de la canción protesta? ¿Interesa tanto España allí cómo y a quién le sacaban la lengua en los escenarios? Pues parece que sí. Más allá de la extraordinaria vigencia de la música de la Movida en toda América Latina o de que en México Pablo Iglesias fuera en su momento “una rock-star y haya fenómenos políticos a la manera de Podemos” como afirma el autor de “Estética a golpe de like”, nos siguen de cerca y con interés. “España y México -nos cuenta Ernesto Castro- se parecen mucho más de lo que uno cree a primera vista, sobre todo, teniendo en cuenta la hermandad que hubo con motivo de los republicanos, la importancia que se concede allí a los filósofos exiliados como José Gaos, María Zambrano y el análisis o la literatura que se ha generado a partir de movimientos sociales como períodos revolucionarios”.

Pero para sorpresa de quien no conozca los gustos mexicanos, el seguimiento nuestros héroes de la Movida no es cosa de nostálgicos o estudiosos de la posmodernez, pues su espíritu sigue vivo en las calles. Ernesto nos confiesa que el único hotel en el que ha escuchado por el hilo musical “Sombra aquí, sombra allá” de Mecano fue en Guanajuato, lo que le hizo pensar que la Movida madrileña está más viva en México, que en la Comunidad de Madrid: “Del mismo modo que en España hay un dominio cultural del período franquista durante cuarenta años, ellos tuvieron la cultura oficial del Partido de la Revolución Institucional que fue la novela de la revolución y sobre todo en el ámbito de la pintura empiezan a surgir personajes que tienen planteamientos distintos. La estética o por lo menos el uso intermedial de las técnicas pictóricas, escultóricas, artísticas es relativamente similar a lo que podría ser Ouka Lele. Con sus matices se produjeron tanto en España como en México fenómenos artísticos, en realidad de segundo nivel o de muy poco valor estético, pero que no obstante supusieron una ruptura y tuvieron una relevancia por lo menos interna importante en la apertura de posibilidades”.

Esas otras formas de hacer ciudad de los rebeldes que coparon las salas de ensayo, los bares, en Madrid tenían mucho de homo ludens. Ni Fabio ni Pedro, ni Kaka de Luxe, o Los Zombies con su estética estridente y ecléctica no jugaron a otra cosa que no fuera la ruptura de códigos. Una permisividad medioambiental que permitió la convivencia de Los Nikis y La Polla Records, en las antípodas ideológicas, que hoy enmiendan los representantes de la Indignación, más afines a la decantación que al cante, salvo excepciones como la de Monedero y sus fandanguillos.

El anverso de la cultura despreocupada de los ochenta lo tenemos en los protagonistas de las sentadas en las plazas públicas, de ahí que Fernando Castro, responsable de exposiciones como “La extraña comunidad de la columna” haya optado por enfrentar dos tipos de rebeldía, la amable, histriónica, cutre y glam, frente a la “transcaspa de tendencia viejuna” en la feria: “Madrid tiene esa cosa de ser un espacio culturalmente muy contradictorio. Recordar la Movida y los Indignados no es para hacer la crónica de dos fracasos, sino de dos momentos de intensidad y también de qué está pasando hoy. Lo que me interesaba de llevarlos al mismo tiempo es que uno critica al otro, porque evidentemente el movimiento de los Indignados, entre otras cosas, es un cuestionamiento de la cultura de la Transición. Mi generación es la de los nihilistas hedonistas o lúdicos o de los nietzscheanos dionisíacos, la primera que se consolida después de la transición. Somos contemplados por los indignados como unos cínicos, gente que buscó instalarse en la institución cultural, que abandonó toda posición crítico-política en beneficio del mercado”. Si su generación, la de los ochenta, le pareció “divertida, aunque cultural, simbólicamente, pictóricamente me parecía escandalosamente floja, cuando no deliberadamente cursi o absolutamente kitsch, del movimiento de los indignados, me sigue pareciendo muy revelador, un fenómeno que, menos mal, sacó al país de una atonía en la que no pasaba nada, que es la forma en la que la política corrupta puede continuar. Tanto los herederos de la Movida son funestos cuanto los capitalizadores del 15-M; la lectura de que el 15-M es Podemos me parece una de las usurpaciones más grandes que ha podido existir”.

De palafrenes y opositores

¿Quiénes estarán, al pasar lista, quién falta en la FIL? ¿Son los motores económicos o la ideología los que han dejado en tierra a firmas conocidas de la literatura? “Sí sé que constituir la delegación madrileña no ha sido fácil. Ha habido muchos que no querían ir y la opción que se ha tomado incluye mucha gente joven que no tiene mucho que ver con esas dinámicas un poco extrañas. Los big names como Marías y todos estos no han bajado al arroyo; parece ser que para ellos viajar a la FIL no es importante, que su importancia tiene, creo yo”, reconoce Fernando Castro. Le preguntamos abiertamente si en ese no querer ir, hay algo de no querer ir con este (recalcamos)  ayuntamiento: “Pues tal vez. En el caso de Marías, a lo mejor tiene que ver con que no hay palafreneros, que no lo llevan en un palanquín, que yo creo que si pudiera ir desde aquí hasta allí transportado en una alfombra roja interminable que surcara por encima del Atlántico y fuera recibido con clarines como si fuera el retorno de Rubén Darío, pues seguramente iría. Hay personajes en la literatura y en la cultura española que son de un atrabiliario que flipas”, dice socarrón. Aunque para Ernesto, autor de “Contra la posmodernidad” la deserción de semejante cita es ante todo la pérdida de una oportunidad: “Si uno tuviera que medir la importancia cultural de un país en términos demográficos, evidentemente la cabeza cultural de la hispanidad es México. Guadalajara es mucho más que México, con la importancia que tiene siendo la segunda feria después de Frankfurt. Es una especie de nodo de todo lo que se va a publicar en Hispanoamérica y donde España cumple un papel esencial porque se puede decir que el boom literario de los 60 es una invención de Seix Barral y el siguiente de Bolaño, Villoro y compañía es una invención de Anagrama. Hay que recordar que esto no es tampoco otra cosa que una feria y que al fin y al cabo lo que va a hacer cada cual de una manera más o menos velada es intentar colocar su pastel. Allí van a contar la novela que acaban de escribir o que están a punto de publicar. Es un mercadillo más que una gran exposición universal donde Madrid se presenta al mundo”.

Y el modo de hacerlo es a través de su producción literaria, pues como afirmó Manuela Carmena “los libros explican por qué la ciudad es como es”. Para saber leer las raíces de la gestación del nuevo Madrid que nació con La Movida el “destacamento” cultural madrileño en Guadalajara se apoya en los que retrataron esa ciudad que quiso, en los años locos, conquistar la luz, para cambiar el mundo, volviendo a León Felipe, que con su  “Ganarás la luz”, enmarca la presencia de Madrid como ciudad invitada en la FIL. Nada más actual que sus versos de “Español del éxodo y del llanto”: “Ya no hay patria. La hemos matado entre todos: / Los que aquí y los de allá”.

Alicia González

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