La balada de la cárcel de Reading

wilde

¡Imagínese a Wilde con la cabeza rapada, fregando el suelo y golpeando su escudilla a coro con los compañeros de celda! El escritor formó parte de la “brigada del diablo” y ocupó su tumba sombría por una sangre “que no habíamos derramado”, ese amor malentendido hacia lord Douglas al que insta a buscar asilo en Grecia o Italia para continuar con sus graciosos poemas mientras él vive la experiencia carcelaria. Allí relata la desesperación de su soledad frente a los guardianes y canta al preso a la deriva, ansioso de beberse “el aire de la mañana”, al que compara con el árbol talado antes de dar fruto. Wilde entiende la tragedia malsana de matar por “amor”, si bien asume la necesaria condena social al uxoricida que en breve bailará de la cuerda. Mal remedio la muerte pues, “todo salvo la lujuria, se torna polvo / en esta trituradora de humanidad”.

Abandonado por Dios, por el mundo, el poeta dublinés ejecuta “el desfile de los locos” en un círculo sin sitio para la piedad y comprueba “el terrible amanecer en rojo” de los reos de muerte, viendo morir la esperanza. Su acto de contrición es consolarse al pensar que “aquel que vive más de una vida / ha de morir más de una muerte”, siendo esta vida, la de su sexualidad ante el juez la única auténtica para alguien abrazado a la fe que lo condenó. Así, “el placer no oculta el amor, pero el dolor lo revela en su esencia” y por eso renuncia a la falsía de los disfraces tras su procesamiento y opta por quedarse junto a los parias donde ve marchitarse lo mejor del hombre.

Alicia González

La balada de la cárcel de Reading

Óscar Wilde

Literatura Random House. Barcelona, 2017

72 páginas 

4,66 € 

 

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