Palo seco

 

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El héroe nacional de la canción moderna según Benjamín Prado tiene su pedestal en este volumen que recopila las letras de poemas que el andaluz musicó por más que como dice el prologuista tengan entidad propia. Comenzamos con los versos del exiliado en la ciudad, que nos muestra a ese novato sumergido en un mundo denso de tentaciones negras. Su bisoñez fingida está en la elección de la rima asonante o consonante quizá recolectar acólitos a la hora de entonar, porque no todos sabemos poner voz al sentimiento. Y su acierto en ensalzar estas crónicas de extrarradio con un Joaquín que iba perdiendo las certezas en la desintegración de la banda de sus inicios y aprendió el sinuoso camino del hedonismo, sus bondades y peligros, para poder observar desde la distancia la molesta placidez de los años jóvenes.  El cantautor se pone monterrosiano y nos desnuda, pues sabe que el cobarde exigirá al otro atrevimiento y quien no ha caminado da lecciones de las sendas por recorrer y a cambio, se desvela “insumiso en el cielo”, porque la única virtud la encuentra en la calle (“un aroma, un abrazo, un pedazo de pan”) y esos amores, aves de paso, en realidad. Por Cortázar Sabina sabe que “una casa sin ti es una emboscada”, por la copla que los ojos pueden ser aceitunados y por Garcilaso que la hermosura se empaña con sólo tocarla la amargura. Sabe de la urgencia que no aplica a nada y porque ha pisado los mismos antros que Pedro Navaja, incluso sabe que es escriba de un Madrid de huidos y refugiados en los burdeles y se ha impregnado de las prédicas mexicanas para que ateos y creyentes recemos con él, cantando como en misa o releyendo su poemario a modo de misal.

Alicia González

Palo seco

Joaquín Sabina

Visor. Madrid, 2017

64 páginas

11,40 €

 

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