Poesía completa

pizarnik Se equivocaba, el tiempo no estranguló su estrella, más al contrario la pléyade de amigos que la arroparon eclipsaron entonces su escritura. “Para qué tanta vida?” aunque le quedaran “tantos libros” no sabemos si por leer o escribir. Pizarnik encontró la verdad, pero no la vida, ni siquiera lejos de miradas que son “piedras opresoras / que duermen en la garganta”. El peso del dolor se apodera de la argentina en imágenes como aquella en la que se muestra “con los ojos cerrados y un sufrimiento en verdad demasiado grande”, como el Lazarus de David Bowie y escasamente aparece la Alejandra luminosa, pues caminar para ella significa ya hundirse en la oscuridad. Ahí debemos rastrear la intuición de su vida en términos de un “vacío bien pensado”, con el fracaso siempre al acecho en una carrera que consiste en seguir y “medir cada paso a lo largo”. Porque quejosa y todo, Alejandra lo quiere todo y lo reclama para sí, renunciando incluso al apellido, engaño de la sangre (“Yo lloro debajo de mi nombre”). A la de Buenos Aires le arrebata el deseo de romper “el muro de la poesía” con sus ejercicios lingüísticos, con palabras lejanas que se apoderaban de ella en una construcción del lenguaje que exigiría “un afinamiento general de la sensibilidad” a cualquier crítico. El miedo logró al final arrancarle el tiempo (“Cómo no me suicido frente a un espejo?”), el reflejo de su “triste transparencia” que todos tenemos. Quizás porque ella sabía que no tenía mañana (“Tal vez las palabras san lo único que existe”) y las muertes pequeñas eran tan sólo el anticipo del fin del cansancio con que afrontaba una soledad que en sus palabras “debería tener alas”.

Alicia González

Poesía completa

Alejandra Pizarnik

Lumen. Barcelona, 2016

480 páginas

23,90 €

P.D.: Para Olga, ella sabe por qué.

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