Fumarolas

Entra sonido de estruendo, sigue un olor a azufre, luego concluye en emanación; los tres estados del alma agitada, pero si no han visto a Gwenn Stefani en “It’s my life” no pueden comprendernos.

Soportamos las exigencias que la vida nos impone continuamente, disfraces de honestidad en los que no encajamos, pero nosotros somos territorio volcánico y ese pequeño resquicio que son las relaciones humanas puede provocar la deflagración. Los hay altamente inflamables como el James Cagney en 1,2,3 de Billy Wilder, otras son armas de pequeño calibre, Marilyn sobre sus tacones, bamboleándose gelatinosa junto al tren de vapor en “Con faldas y a lo loco”, la “autodiagnosticada” paranoia de Shirley Manson, todos al borde de entrar en erupción en cuanto nos toquen el magma. 

Abductores en tensión, el gesto descolocado como en la última distorsión pasada de revoluciones de un rostro ejecutada por Francis Bacon, la mano en la boca para no morder, para mordernos. Nadie habría pensado que reaccionaría así… Aunque quizá no recuerdes que alguien le aprisionó con el desasosegante “sé que es bueno para ti”.

Vuelve “Fumarolas“, una pieza de Macarena Regueiro, un espectáculo que inaugura el género de teatro geológico basado en las experiencias de un laboratorio escénico de investigación emocional continua. La obra está dirigida por Macarena Regueiro e interpretada por Mikel Aróstegui y la propia autora.

Puedes permitirte reaccionar, al fin y al cabo, no eres una roca, hay más vetas en ti de las que los demás conocen, salvo aquel que esté dispuesto a picar en lo más profundo de ti. En ese caso, no huyas, tal vez sea el encargado de descubrir esas molestas grietas que te vuelven insoportablemente distante. Porque todos estamos recubiertos de fumarolas, de incómodas exudaciones de azufre a las que no permitimos que nadie se acerque. Cada poro de tu intimidad exhala por un hueco de tu superficie y salvo que conozcan los procesos que bullen en tu interior, cualquier invasión, cualquier intromisión será tomada como un taponamiento de tus resortes más privados. Así que, comienza a observarte: tal vez haya en ti más de fumarola de lo que piensas, más de pausada emergencia, de alerta por lo silente, de vulcanismo mal asumido y esta introspección compartida te ayude a regular tus últimos indicios de actividad volcánica. O eso esperamos…

“Si estás dispuesto a ver la orografía de otros, su asfixia, la inminencia de su calor y sus estallidos no dejes de venir a vernos, a no ser que quieras seguir abocado a convertirte en roca sedimentaria”.

La puesta en escena está concebida como una panadería, buscando el símil de las manos que nos moldean de igual modo que la tierra genera el dibujo de la piel creando sus relieves. Un taller de elaboración emocional, éxtasis y arrebato, en el que lo importante son las levaduras que desatan las emociones más incontenibles y al que estás invitado.

Autora: Alicia González