La literatura como mercancía en la época del Risorgimento

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Fuente: https://www.corrierejonico.it/Dal-mito-di-Garibaldi-alla-religione-civile-del-Risorgimento.htm

Durante la época del Risorgimento, la particular interpretación del movimiento romántico en Italia,  paralelamente a la ascensión de la burguesía como clase emergente las manifestaciones literarias, como el resto de las artes, se ven trastocadas por la nueva relación que se establece entre el autor y la sociedad. Hasta entonces las artes se habían considerado fruto más de una inspiración y de la genialidad que del trabajo metódico del artista. Así, los creadores habían vivido amparados por la clase dominante, la aristocracia, que ejercía un mecenazgo sobre las artes, entendidas como un elemento visible de su poder y prestigio. Pensemos en los talleres de los artesanos del Renacimiento, en Leonardo o Andrea del Sarto que elaboran sus creaciones protegidos por el manto benévolo de Francisco I de Francia.

Ahora tras el cuestionamiento del orden establecido que supuso la Revolución Francesa, la burguesía muy especialmente a partir de las revoluciones liberales se consagra como nuevo baluarte de las artes, pero cambiando el paradigma de producto creativo y la propia conciencia del “genio”. Entramos en el mundo de los obreros y con ello los literatos dejan de ser seres apartados de la realidad colectiva en busca de gloria, que desprecian el trabajo manual para convertirse en artesanos de la palabra, haciendo un oficio de su tarea. Atrás quedan concepciones como la de Boileau que apuntaba el ideal creativo como el de “trabajar para la gloria, y que nunca la sórdida ganancia sea meta de un escritor ilustre” o de Rousseau que reniega de ganarse la vida con sus trabajos de pensamiento, que para ser respetables nunca pueden mezclarse con la remuneración económica que, en su caso, obtenía de su trabajo como copista de música.

Esta evolución del concepto de la producción se manifiesta tempranamente en la Inglaterra de la Revolución Industrial donde Adam Smith, se augura que los productos artísticos adquirirán la misma consideración que otros de uso común, entrando en el circuito del mercado de compra-venta. Con ello se altera la configuración del oficio del escritor que pasa de ser un individuo aislado de la sociedad y opera en función de los intereses de su promotor a conseguir una remuneración más o menos adecuada por su trabajo, siendo desde este momento las leyes de mercado las que marcan la pauta del gusto y no la voluntad única del mecenas aristocrático.

En ese sentido, Karl Marx analiza el intercambio de bienes estéticos, creados por los artistas como uno más dentro de la cadena de producción, reconociendo el hecho distintivo del arte como conciencia y expresión de la humanidad y por tanto, producto fieramente humano, introduciendo la idea de salario por la obra literaria, hasta entonces difuso. De acuerdo con la ideología marxista el público será quien establezca el criterio de lo que se demanda y por consiguiente se debe producir o lo que no gusta y evidentemente no exige de una oferta. El arte sería de este modo resultado de su época, condicionado por las circunstancias sociales y económicas, y su objetivo el de reproducir la superestructura económica desde una postura crítica, para lo que las obras deben retratar al espectador que habrá de reconocerse en el arte que contempla.

Toda esta discusión llega a la península italiana en los años 30 y 40, como constatan textos que sólo recientemente han sido rescatados y analizados. Entre los polemistas más destacados sobre la materia están Giuseppe Pecchio quien, tras su estancia en el Reino Unido aborda cómo la producción artística y literaria sigue las mismas leyes económicas de la producción como recoge Gianni Bosio en su obra sobre el conde Pecchio. Por su parte, Giuseppe Bianchetti, jurista de Treviso, en “De los lectores” estudia desde un punto de vista de la sociología de la literatura las relaciones entre el lector y la producción artística, cuestiones que le interesaban especialmente, ya que quiso dedicarse en exclusividad a la literatura y el periodismo. Como observador de este cambio de paradigma Bianchetti apunta a que los nuevos rectores de la literatura no son ya los señores feudales pudientes, sino los editores junto a los libreros que comercializan la producción literaria. La valoración de la obra literaria queda estipulada en esta nueva relación comercial en función de la mayor o menor venta, y con ella, la remuneración que logrará el autor. Para Bianchetti entre los lectores y los autores se da una retroalimentación que da existencia a ambos a través de la empresa editorial que conecta tipográficamente los dos mundos. Otro de los que indagan en este nuevo escenario del arte es Francesco Forti que en “Observaciones en torno a la función cívica de la crítica literaria”, artículo publicado en la revista “Antología” insiste en el vínculo de demanda y oferta que se repite en la literatura, provocando dos castas de creadores: aquellos que logran situarse en el mercado y otros que, sin importarles las pautas de éste se dirigen a un público minoritario.

Esta efervescencia analítica suscita la atención de Giovanni Pietro Vieusseux, fundador de la “Antología” y gestor de grandes eventos culturales del momento y genera un gran interés por nuevos fenómenos como la publicidad de las editoriales para optimizar en los escaparates su producto, además de confirmar que a estos mecenas industriales no siempre les mueve la calidad literaria, sino los márgenes de beneficio y que en esta guerra, la gran perjudicada podía ser la obra, determinada por factores como la novedad o el gusto de las masas.

Más info: https://revistacolofon.com.ar/roger-chartier-las-revoluciones-de-la-lectura-siglos-xv-xx/

https://www.qualcosadisinistra.it/2011/02/27/risorgimento-e-letteratura/

Autora: Alicia González

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