Nunca te contrataría

Eso tenlo claro querida sirvienta desconocida…

Me sorprendo con un comentario de un/a indeseable que ha llegado a mi blog y que demuestra cuán necesario sigue siendo escribir sobre cuestiones de género y clase. Por lo pronto el desinformado responsable del texto me atribuye prácticas de abuso hacia trabajadoras precarias a lo que lamento comunicarle que nunca he tenido ninguna empresa y en cuanto a personal a mi cargo, sí, pero a quienes siempre he considerado compañeros. Tanto es así que, por hacer un poco de historia, aún creo que se me recuerda por haber creado un Comité de Empresa donde no existía para defender los derechos que estaban siendo vulnerados del resto de los trabajadores. En ese momento, habrá quien lo cuente mejor que yo, me llegué a reunir clandestinamente frente a una iglesia con otros compañeros para comprender qué, cómo, cuándo y para qué organizarnos, porque era un deber irrenunciable -¿verdad Carmina, verdad Rafa, verdad Julián?- y a recibir presiones que superaron lo tolerable para alguien que como yo le venía grande el sindicalismo.

Más quisiera yo haber tenido mando en plaza para evitar de un plumazo ésa y otras injusticias y no haber tenido que quitarme horas de sueño, falsas acusaciones-¡es una ironía!-, aunque sí me queda la satisfacción de compartir con la mayoría de los que vivimos esa experiencia la sensación de haber hecho algo importante, de haber recuperado la dignidad y de dar ejemplo, cuando, en mi caso, renuncié a mi puesto de trabajo, pese a estar protegida en mi condición de representante de los trabajadores. Hecho ese esfuerzo descomunal de meses y arrostrados todos los sinsabores, no cabía quedarse para dar la razón a quienes pensaron que lo hacía para buscar un refugio, sino salir a buscar otros horizontes que por suerte no tardé en encontrar.

En cuanto a la precariedad, siento decirle que a estas alturas y pese a mi preparación y experiencia formo parte de esa legión de periodistas que buscan una dignidad laboral en un mercado incierto y que por el edadismo, se debaten entre la decisión de abandonar una profesión que aman o seguir aceptando condiciones inaceptables para un profesional de la comunicación. Puede que eso sí que genere esa amargura que menciona, pero creo que es razonable, ¿no? y por supuesto que es una amargura medida, peleona y superviviente, así que no se crea que está todo dicho.

Por lo que se refiere a la construcción de «una imagen de feminista progre con conciencia», me parece divertido, sobre todo, porque siempre he rehuido de mi adscripción como feminista, al menos, mi forma de ejercer y reivindicar mis derechos era solitaria y no se etiquetaba bajo ninguna sigla. Pero ahora, tras las afrentas que día tras día crecen en la red hacia las que nos mostramos reticentes a prolongar más esta desigualdad, creo que todos sus camaradas me han empujado hacia el abismo feminista. Sí, lo confieso soy una de ésas que les lleva la contraria en público. Porque nadie merece que un personaje anónimo como el que firma «tu sirvienta» me sugiera que va a darme «dos hostias bien dadas». (¡Qué fácil me lo has puesto para notificar la amenaza a la @GDTGuardiaCivil ! Cada vez somos más las que nos revolvemos ante esa sutileza: hace unos días Cristina Saavedra hacía público su hartazgo por la persecución de un acosador en la red, Cristina Fallarás abandonó Twitter por la presión insoportable de los que llegaron a amenazar a sus hijos, lo que no ha conseguido que la silencien y que siga vivo su #Cuéntalo. Cristina Pedroche ha comentado en alguna ocasión lo duro que es a veces esta exposición pública y Leticia Dolera padeció en carne propia las consecuencias de defender los postulados feministas. No quieren que hablemos como constató la UNESCO en su reciente informe The Chilling: Tendencias mundiales de la violencia en línea contra mujeres periodistas e incluya en la categoría de periodista a cualquiera que disponga de una plataforma pública que pueda servir de altavoz a estas demandas que tanto molestan a un reducto rancio de nuestra sociedad enardecido al intuir que lo que reclaman como válido no es más que un retorno a un pasado al que ni ellos querrían volver.

Quizá este hater me confunde, como ya me sucedió en tiempos, con otra Alicia González -es lo que tiene tener unos apellidos tan convencionales- y descarga su ira contra la persona equivocada. Por aquel entonces el malentendido fue un poco doloroso, porque nada más recibir el premio por mi poemario Satisfacciones de esclavo, empezaron a brotar como champiñones en la red las críticas y suposiciones de cómo había ganado una perfecta desconocida el Premio León Felipe, atribuyendo todo el mérito a mi inexistente relación con Rodrigo Rato. El error tiene su guasa que dirían en Andalucía, porque había quien se imaginaba, pensando en las connotaciones del título del libro, al entonces ministro de Economía provisto de un traje y verdugo de cuero, esperando recibir su merecido por parte del ama dominante, o sea yo, sin ser yo, porque las coincidencias entre la verdadera pareja de Rato y yo eran muchas: edad, profesión, nombre. Habría sido divertido si al final no hubiera que tenido que informar a través de terceros a la otra que no era yo de las barbaridades que se vertían contra ella. Otro de los riesgos de que todavía hoy las mujeres seamos pasto de epítetos o apoyos explicativos en las frases como el que recientemente le han aplicado a Micaela Breque que para la prensa no es actriz, sino la ex de Calamaro, para que James Rhodes tenga constancia de algo tan antiguo como que su mujer ya ha sido de otro. Que no se le olvide que es propietario, vaya. ¡Menos mal que el pianista ha hecho un ejercicio de perfecto castellano para reclamar la individualidad de Mica y dar una lección a tanto terrateniente de lecho conyugal y machista pendiente de tratamiento!

«Me pregunto si la prensa argentina alguna vez mencionará a Mica como un ser humano por derecho propio con su propia identidad y no como una extensión de un hombre. ¡Para que conste, su nombre completo es Micaela Breque. Y no Micaela Breque la ex/la novia de…!

Si algo une todos esos casos es la rabia de esas personas molestas con construir un mundo más igualitario a partir de las reivindicaciones feministas. Lean sino una tribuna de opinión donde se plasma lo peor del recurso al absurdo, lamentablemente en boca de una mujer. No pueden soportar que, a pesar de que su discurso se ha normalizado con la irrupción de VOX en el escenario político, la realidad sigue siendo terca en demostrarles que la modernidad prosigue con o sin ellos. El último disgusto se lo ha dado el vídeo de Rosalía con esa jerga incomprensible para hablar de una sexualidad que invita a persignarse como poco… Y es que por muchos frenos que quieran ponerle son ellos mismos quienes en algún momento se han beneficiado de un divorcio en el que no creen, se han sometido a una terapia de fertilidad contra la que votaron en el Parlamento, han celebrado un matrimonio homosexual y muy probablemente han deseado en su fuero interno acabar con el dolor de un ser querido contra el que la mala praxis médica estaba aplicando el encarnizamiento innecesariamente.

Aunque creo que para mi perseguidor -¡por fin tengo un fan loco con el que hacer un dúo a lo Lennon y Chapman!- mi posicionamiento a favor de los derechos de los trabajadores y de eso que suena tan antiguo de la justicia social es casi tan doloroso como el feminismo que me achaca -¡gracias amigo/a!-. Lo cual dibuja un retrato robot de alguien social y políticamente retrógrado que ni cree en las libertades individuales de más de la mitad de la población del mundo ni, por supuesto en los valores de un mercado donde las retribuciones no nos condenen a trabajar para vivir, a simultanear empleos para subsistir, a desterrar los logros de la conciliación y a estar en silencio para no perder esa miseria que os han hecho aprender a sobreestimar como si tuviéramos que estar eternamente agradecidos a nuestro patrón, redentor de un destino sin esperanza. Pues siento decirle que su comentario, lejos de callarme me anima a retomar mis lecturas y le advierto que ahora estoy con Rosa Pastor Stokes.

Recordatorio: Hay quien me ha advertido de la inconveniencia de significarme tanto a favor de las causas perdidas, especialmente cuando estoy en un momento de transición laboral. Me pregunto si, llegado el caso, me interesaría trabajar con alguien que no cree que exigir un salario adecuado o que antepone siempre una jefatura masculina a sus subordinadas o que remunera de manera desigual a unos y a otras

Autora: Alicia González

@rosalia.vt @leticiadoleraoficial @cfallaras @cristinasaavedra_ @elenac @miquibreque

Para leer:

#ToxicTwitter y el silenciamiento de las mujeres en Internet

VIOLENCIA CONTRA LA MUJER EN REDES SOCIALES

EL CIBERACOSO COMO FORMA DE EJERCER LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA JUVENTUD: UN RIESGO EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Y DEL CONOCIMIENTO

Acoso a las mujeres en las Redes Sociales, por Violeta Assiego

REDES SOCIALES Y VIOLENCIA DE GÉNERO

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Bravo. Solo los cobardes sugieren a los valientes no significarse. Me produce admiración tu texto.

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