Borrados

bartov.jpg Reencontrarse en Rutenia (¡Lean “El ermitaño de la calle 69!”), con Joseph Roth, con la zlachta (nobleza polaca), Chagall y con términos como Galitzianer, para designar aquel que nos resulta paleto, avaro, dudoso… Bartov recoge los efectos aniquiladores de la simplificación histórica que significaron los pogromos que diezmaron la población judía de ciudades como Lviv y alimentaron el socialismo y el sionismo. Continuar leyendo “Borrados”

Cien poemas de amor

fried Poemas de urgencia de amar, iteraciones y retruécanos como los “homenajes” al libro de David Cooper que reflejan las traiciones a una libertad que para el vienés es inaplazable, indivisible e incompatible con el poder. Un texto que debieran colocar en el frontis de las escuelas. Continuar leyendo “Cien poemas de amor”

Cobijarme en una palabra

zavattini El reggiano es de los que consideran que mejor observar que entorpecer, pensemos sino en el ejemplo del padre cornudo entre los árboles, pero tocado con sombrero de paja para hacerse bien visible. Y lo hace con el dialecto que suena a “chirridos de carros de bueyes”, animando a vivir con solemnidad “el misterio de la vida” y comprendiendo que “no basta tener razón / para hacer la revolución”. Continuar leyendo “Cobijarme en una palabra”

Veintidós poetas finlandeses

Veintidós_poetas_finlandesesMás allá de la polémica de si se es de donde se nace o del país del que se toma la lengua para escribir, este volumen completa el Pentateuco de autores finlandeses de la misma editorial con nombres como Solveig von Schoultz, Eva Wichman, Ralf Parland, Ulla Olin, Bo Carpelan, Lars Huldén, Inga-Britt Wik, Peter Sandelin, Carolus Rein, Märta Tikkanen, Tom Sandell, Gösta Ågren, Claes Andersson, Anita Wikman, Agneta Ara, Ralf Nordgren, Tua Forsström, Bodil Lindfors, Leif Salmén, Martin Enckell, Agneta Enckell y Kjell Westö. Continuar leyendo “Veintidós poetas finlandeses”

Matute, entre el bosque y el desván

9788423348466  Los “Demonios familiares” de Ana María Matute llegan a los escaparates

Alicia González

Hay quien más que lector es acumulador de experiencias lectoras y quiere devorar todo lo que se publique de un determinado narrador, sin importarle la calidad o el acabamiento de la obra. Y es ahí donde las editoriales, a veces sin distinguir ganga de filón, aprovechan para escarbar en los archivos póstumos de autores consagrados y saciar el ansia de estudiosos del proceso de escritura o simples lectores voraces. Continuar leyendo “Matute, entre el bosque y el desván”

Continente salvaje

Sobre Continente salvaje final.indd  Soldados aliados, combatientes, asustados por el efecto de una jauría humana destrozándose por un puñado de caridad lanzada por compasión, escenarios lunares, matanzas en cadena entre pueblos vecinos para lograr una limpieza étnica que es aniquilación mutua, comitivas de desplazados sembrando el desconcierto y el terror, aunque a veces sólo su objetivo fuera el encontrar comida, tarea en la que la compañía de un militar estadounidense, negro, podía ser de más ayuda que cualquier fusil por el pánico racista de alemanes aún no desnazificados. Una orgía denunciada por Ehrenburg que comenzó con el escarnio casi de juego callejero y concluyó en un mecanismo sistemático de destrucción en campos estabulares de los diferentes que arrojó un saldo de un recuento familiar por supervivientes y no por faltantes. Desatado el animal, hubo vía libre para la violación pública y la expiación de las culpas de colaboracionismo mediante el prescriptivo rapado, venganzas bélicas de conflictos anidados entre hermanos resistentes en bosques donde la brutalidad tardó en volver a guarecerse.

Continente salvaje. Keith Lowe. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2012. 560 páginas.

Leer un fragmento

La voz de la calle

P1190020Recopilación de signos y símbolos que enmudece el clamor del ruido ambiente. (Esta inscripción en una pared madrileña podría estar clavada en un juguete de aquellos antiguos, un juego articulado de madera sujeto por remaches en los extremos o en una ruleta, porque las tres palabras parecen poder colocarse en cualquier orden y seguir teniendo sentido. Tal vez cada palabra sea llevada en volandas por uno de esos artistas circenses orientales que se movían como culebrillas y haciendo cabriolas y volatines saltaban uno sobre el otro, dando mortales atrás en un número frenético. Ese frenesí es el que mueve al autor del eslogan a clavar tres palabras en un muro, “No debemos, pagamos”, “Pagamos, no debemos”, “Pagamos, debemos, NO”, siendo esta última la proclama más radical por ese grito de negación que prosigue a las obligaciones que nos impone la realidad mal parida donde todo se concibe calculadora en mano. Asumimos que incorporarnos a una vida verdaderamente social es eso, entrar en el circuito de la deuda y del pago y de la renuncia, del no a todos los principios en los que creiste, a cambio de seguridades que se vuelven a veces inciertas.

Todo eso si es el ciudadano de a pie quien lee el rótulo, porque podría suceder que el lector fuera un político o una de esas personas que se ha visto exenta de padecer los arrullos de la crisis, pese a haber podido acunarla en sus brazos financieros y en ese caso podría no darse por aludido. Ellos ni deben ni pagan como ratifican continuamente las sentencias que eximen a los culpables y que les provocan una cada vez más testaruda sordera. El suyo es un no a las reivindicaciones sociales que hasta se viste de presunción cuando se esgrime el deber y se nos hace pagar a todos las consecuencias de una política infame. La crisis es la mejor excusa para quienes creen que deben, aunque seamos los demás los que paguemos. Ante eso la respuesta debe ser no, pero hay muchos que siguen pensando que para protestar lo mejor es no votar a nadie; la única queja es la que es audible y de momento, la abstención sólo es silencio.

Ella, que todo lo tuvo

 

Portada de la novelaGéza Csáth se dolía allá por el verano de 1912 de lo terrible y angustioso que le resultaba pensar que ya no le apetecía escribir. Algo similar podría decirse de la escritora, Ella, a la que, tras sufrir un dramático accidente de coche se le viene toda la culpa encima –el sueño la venció y acabó con las vidas de su pareja, Marco, y su hija, Chiara- en forma de inactividad literaria. La desazón de esta mujer abandonada a la suerte de su psique busca consuelo en la materia que rehúye precisamente, los libros a los que como fetiche observa en una tienda del Mercato Nuovo. A su vez, Ella es el organismo vivo preferido de Lívido, dueño de esta curiosa librería en la que aparecen pupitres. A medida que la orquídea se vaya tiñendo de rojo y vaya menudeando en el Harry’s Bar, la protagonista irá hallando respuestas a las preguntas que le suscita su soledad. Continuar leyendo “Ella, que todo lo tuvo”

El sentimiento de culpa

Mujeres que ejercen de exmujeres casi a perpetuidad y en funciones, otras queriendo adaptarse al gremio de la prostitución antes de superar lo que entendía como sucia culpa, hombres convencidos de hacer pagar a la sociedad el dolor que otros les infligieron y otros esclavizados por relaciones de dominio y anulación. Laura Rojas-Marcos plantea todos los posibles parámetros que visten a la culpabilidad, aportando al lector las soluciones clínicas que Peter, María, Alberto, Susana y otros pacientes camuflados en una identidad ficticia recibieron en la consulta de la autora. Continuar leyendo “El sentimiento de culpa”

La vida buena

El egoísmo de Occidente cristiano es el promotor de ese bienestar de la conciencia satisfecha, por eso Sádaba preconiza la autonomía de una moral estrictamente humana, sin aditivos de seres supremos en los que refugiarse de las carencias decisorias, de la responsabilidad mal asumida.

El autor escarba en diferentes mundos felices y desdichados, eligiendo un posicionamiento intelectual que se recree menos en la reflexión y más en la acción como en el budismo, tan distante aparentemente a nosotros. Amar la vida es hacerlo desde su imperfección; de ahí que sea requisito necesario desenanizarse moralmente frente a las nuevas tecnologías y reconocerse en los derechos y las buenas acciones, huyendo de la violencia reprobable, la de la culpa. Continuar leyendo “La vida buena”