Un amar diferente. Poemas a la virreina

cruz “La voz / al nombrarla, no prosigue, / embargada del amor”. ¿Qué otra declaración necesitan los que dudan de la pasión de sor Juana Inés? Continuar leyendo “Un amar diferente. Poemas a la virreina”

Alimentarse de flores de loto

Carol El precio de la sal, el coste de dejar un terreno baldío por echarle sal, el precio del salario, estar “salá”, sin blanca, como en el “Pedro Navaja”. Pienso en los significados de la sal, en las salinas de “Rebelde sin causa” que quizá leyó la autora antes de que se llevara al cine y en Sal -otra vez- Mineo, el amigo débil y vulnerable de James Dean, el homosexual, o mejor dicho, el homosexual declarado y el nunca admitido. Buscando la coincidencia descubro que la primera alcaldesa abiertamente homosexual, Jackie Biskupski, lo es en Salt Lake City, tierra de mormones y otra de las paradas de Therese y Carol en su road-movie. Como en “Thelma y Louise” hay un desamor, una huida, un revólver, pero si en aquella la complicidad era de género, aquí es sentimental, casi más que sexual. La Highsmith dice que la sensación febril tras el encuentro que dio origen al libro la obligó a guardar cama y a intentar reconvertir esta sensación equívoca en la continuación de la novela negra que ya había escrito, “Extraños en un tren”. Pero el sentimiento fue más fuerte que la ambición y el miedo al encasillamiento en las letras lesbianas no dejaron las cuartillas en el cajón de la escritora tras el primer rechazo. Continuar leyendo “Alimentarse de flores de loto”

Ábreme con cuidado

abremeconcuidado Diaristas damas de Llangollen, mujeres que desmantelan “la casa del amo” y su construcción de poder. Nueve escritoras, sus epígonos, hacen literatura de otras tantas mujeres oscuras u oscurecidas por la historia. Isabel Franc escoge la “lengua traviesa” de Natalie Clifford, creadora del salón literario en la rue Jacob, famoso por sus sándwiches de pepino, donde Radclyffe Hall reclama el vínculo matrimonial “y que Dios nos conceda el derecho de existir” para mujeres de alboroto espiritual como Tamara de Lempicka, hartas del cenobio en el que las recluye la Academia francesa, a pesar de que son cronistas audaces de una sociedad “secreta” de afectos. Continuar leyendo “Ábreme con cuidado”

Fine Dead Girls

La intolerancia no siempre es cosa del pasado

De no tratarse de un drama, los vecinos de esta comunidad podrían formar parte de aquella película de Álex de la Iglesia o mejor aún de aquella 13 Rue del Percebe de Ibáñez, pero no, el cúmulo de anormalidades en cada piso es una traslación de todas las heridas sociales que el director Dalibor Matanić percibe en la sociedad croata de la guerra todavía en 2002, pues como bien llega a balbucear uno de los personajes, su marido no era así antes de la contienda. No sabemos dilucidar si las secuelas patológicas presentes en cada planta del edificio venían de antes, pero la tensión contenida no aguanta las costuras de esta casa donde las puertas son apenas tapas a presión de la que escapa el vapor de la violencia a poco que se recaliente la atmófera gracias a esa figura demiúrgica de la propietaria del edificio que decide de manera fascista qué está bien y qué está mal.

El único que parece salvarse de esta neurosis es el propietario que, pone remedio noche tras noche a la música de sus vecinos con un simple corte de electricidad y soporta estoicamente las provocaciones de su mujer, la insoportable casera del edificio, dispuesta a colocar a Daniel, su hijo, como un excelente partido, pues regenta el colmado de la barriada. Pero no nos engañemos, el hijo de la casera se revela como un sexo adicto que debe demostrarse a sí mismo y a los demás su virilidad con ejercicios machistas de acoso a sus vecinas. Junto a él, completan la parada de los monstruos la prostituta Lidyja, presa de las extrañas apetencias de sus clientes, que se creen propietarios de su destino, porque ella ponga precio a su cuerpo, incluso el que la contrata para poner a prueba a la sospechosa vecina lesbiana; el viudo imposible que mantiene a su difunta esposa disecada a base de insecticida, no así a salvo de la insaciable curiosidad de la casera; Ivica, el discapacitado mental, hijo de un médico que clandestinamente practica abortos en su insalubre clínica; el ultranacionalista que cada mañana cuelga la bandera de la ventana para comprobar cómo las palomas chetniks se dedican a deshonrarla con sus cagadas, igual que él machaca al vecindario con sus marcha militares nocturnas a todo volumen; un ama de casa que padece en silencio el maltrato y procura a su pesar que siga siendo doméstico. A este edén en los suburbios de Zagreb llega una par de mujeres, Iva y Marija, que se presentan como estudiantes para no tener que dar más explicaciones sobre la relación que las une, pero su sola presencia es el detonante para desestabilizar aún más el polvorín de todas estas miserias humanas, igual quizá que aquel científico de la tira de Ibáñez que la censura prohibió en 1964 pensando que el solo acto de crear ya era una provocación a las constricciones impuestas por la dictadura.

Como decimos cada piso es un chiste, sino fuera un dibujo de desgracias, de exclusión social y si la espiral de violencia que supone la omnipresencia de Olga, la casera, no estallara de la peor manera posible, evidenciando los prejuicios de una sociedad enferma, que estigmatiza la normalidad, por no compartir los cánones de la convención social. Cabe preguntarse si el final de la película no es una concesión a esa vuelta al redil que supone el regreso a una maternidad heterosexual, como si la vivencia de la protagonista como lesbiana hubiese sido solamente un mal sueño, de tonos cálidos sí y con menos grisura que su vida actual.

A pesar de los años transcurridos, la intolerancia parece volver a la actualidad vista la reacción que ha provocado la versión teatral de la cinta. La elección de un “irreverente” poster con dos imágenes de la virgen María en actitud cariñosa ha puesto en la picota a Darko Stazić, director del Teatro Gavella de Zagreb, al que el alcalde de la capital croata ordenó retirar los carteles.

Autora: Alicia González

Ficha técnica

País: Croacia.
Año: 2002.
Duración: 77 min.
Género: Drama.
Reparto: Olga Pakalović, Nina Violić, Kresimir Mikić, Inge Appelt, Ivica Vidović, Milan Strljić.
Guión: Dalibor Matanić, Mate Matisić.
Producción: Jozo Patljak.
Música: Jura Ferina, Pavle Miholjević.
Fotografía: Branko Linta.
Dirección: Dalibor Matanić .

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