¿Que la poesía no habla de la vida? Adam Zagajewski

Avisos de poeta contra los perjuicios de la vida nómada

Resultado de imagen de ADAM ZAGAJEWSKI¡Hermanos, asimétricos todos! Usted que se debate como el resto entre el bien y el mal, entre el pasado y el futuro, en permanente contradicción está de enhorabuena. Yo me acabo de hacer de Adam Zagajewski. No porque tenga versos que remuevan las emociones en los calderos del sentimiento que siempre tenemos tan olvidados y sucios en las despensas, sino porque el poeta polaco acaba de darme permiso para no sentirme mal por no llevar una vida saludable. En su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias ironizaba con las recomendaciones médicas que nos hacen pensar que “Un momento de reflexión es peligroso para la salud, hay que correr, hay que escapar de uno mismo”. Y claro, un lector y en grado sumo un escritor, es alguien al que no le importa echarse una carrerita, pero por dentro, retarse de la mano de otro, el autor de un libro que le conduce por terrenos inhóspitos o por lugares cómodos de los que merecería la pena escapar. Continuar leyendo “¿Que la poesía no habla de la vida? Adam Zagajewski”

Dos años de apnea para la poesía española: El Loewe sigue mirando a Iberoamérica

Fotografía: Enrique Loewe, Carla Badillo Coronado, Víctor Rodríguez Núñez y Sheila Loewe © Uxío da Vila.
Fotografía: Enrique Loewe, Carla Badillo Coronado, Víctor Rodríguez Núñez y Sheila Loewe © Uxío da Vila.

“Aquí vienen. / Nadie los llamó. /Solos se acercan a la llama sagrada/. Sin piedad, lectores: exijámosles todo. / Que su obra sea del tamaño de su ambición”. Palabras premonitorias de Efraín Bartólome en “La voz habitada”. Habrá quien sienta que los latinoamericanos “nos han robado el Loewe”, pero lo cierto es que los poetas españoles tendrán que esperar… o esmerarse. Continuar leyendo “Dos años de apnea para la poesía española: El Loewe sigue mirando a Iberoamérica”

La montaña festiva

_visd_0001JPG08WL2Shamil añora quizá esa cumbre a la que ascendió no se sabe si en sueños en la que un aldeano le recordó que lo importante no es la senda, sino el rumbo. Daguestán no es Rojel-Meer, esa montaña festiva y menos para él que andaba enamoriscado de una muchacha, Madina que ha abandonado su vida anterior para sumarse a la sociedad atávica que pregonan los wahabitas y casarse con Otsok. Continuar leyendo “La montaña festiva”

Historia de la filosofía japonesa

valles Contradiciendo a Nakae no hay país enfermo, pues se refuta la ausencia de filosofía en Japon, si bien no exista una sistematización del pensamiento similar a la de Occidente. Continuar leyendo “Historia de la filosofía japonesa”

La segunda lengua

la-segunda-lengua-vp-879 Poemario muy gallego por las lluvias, los peces, los nacionalistas patriarcas –cuando “todos los abrazos son traducciones” y los poemas pueden declamarse con sordina-, de versos masturbatorios en ese abecedario balbuceante de una jerga incomprensible, la poesía, donde prender fuego con alaridos hechos palabra. Continuar leyendo “La segunda lengua”

Fine Dead Girls

La intolerancia no siempre es cosa del pasado

De no tratarse de un drama, los vecinos de esta comunidad podrían formar parte de aquella película de Álex de la Iglesia o mejor aún de aquella 13 Rue del Percebe de Ibáñez, pero no, el cúmulo de anormalidades en cada piso es una traslación de todas las heridas sociales que el director Dalibor Matanić percibe en la sociedad croata de la guerra todavía en 2002, pues como bien llega a balbucear uno de los personajes, su marido no era así antes de la contienda. No sabemos dilucidar si las secuelas patológicas presentes en cada planta del edificio venían de antes, pero la tensión contenida no aguanta las costuras de esta casa donde las puertas son apenas tapas a presión de la que escapa el vapor de la violencia a poco que se recaliente la atmófera gracias a esa figura demiúrgica de la propietaria del edificio que decide de manera fascista qué está bien y qué está mal.

El único que parece salvarse de esta neurosis es el propietario que, pone remedio noche tras noche a la música de sus vecinos con un simple corte de electricidad y soporta estoicamente las provocaciones de su mujer, la insoportable casera del edificio, dispuesta a colocar a Daniel, su hijo, como un excelente partido, pues regenta el colmado de la barriada. Pero no nos engañemos, el hijo de la casera se revela como un sexo adicto que debe demostrarse a sí mismo y a los demás su virilidad con ejercicios machistas de acoso a sus vecinas. Junto a él, completan la parada de los monstruos la prostituta Lidyja, presa de las extrañas apetencias de sus clientes, que se creen propietarios de su destino, porque ella ponga precio a su cuerpo, incluso el que la contrata para poner a prueba a la sospechosa vecina lesbiana; el viudo imposible que mantiene a su difunta esposa disecada a base de insecticida, no así a salvo de la insaciable curiosidad de la casera; Ivica, el discapacitado mental, hijo de un médico que clandestinamente practica abortos en su insalubre clínica; el ultranacionalista que cada mañana cuelga la bandera de la ventana para comprobar cómo las palomas chetniks se dedican a deshonrarla con sus cagadas, igual que él machaca al vecindario con sus marcha militares nocturnas a todo volumen; un ama de casa que padece en silencio el maltrato y procura a su pesar que siga siendo doméstico. A este edén en los suburbios de Zagreb llega una par de mujeres, Iva y Marija, que se presentan como estudiantes para no tener que dar más explicaciones sobre la relación que las une, pero su sola presencia es el detonante para desestabilizar aún más el polvorín de todas estas miserias humanas, igual quizá que aquel científico de la tira de Ibáñez que la censura prohibió en 1964 pensando que el solo acto de crear ya era una provocación a las constricciones impuestas por la dictadura.

Como decimos cada piso es un chiste, sino fuera un dibujo de desgracias, de exclusión social y si la espiral de violencia que supone la omnipresencia de Olga, la casera, no estallara de la peor manera posible, evidenciando los prejuicios de una sociedad enferma, que estigmatiza la normalidad, por no compartir los cánones de la convención social. Cabe preguntarse si el final de la película no es una concesión a esa vuelta al redil que supone el regreso a una maternidad heterosexual, como si la vivencia de la protagonista como lesbiana hubiese sido solamente un mal sueño, de tonos cálidos sí y con menos grisura que su vida actual.

A pesar de los años transcurridos, la intolerancia parece volver a la actualidad vista la reacción que ha provocado la versión teatral de la cinta. La elección de un “irreverente” poster con dos imágenes de la virgen María en actitud cariñosa ha puesto en la picota a Darko Stazić, director del Teatro Gavella de Zagreb, al que el alcalde de la capital croata ordenó retirar los carteles.

Autora: Alicia González

Ficha técnica

País: Croacia.
Año: 2002.
Duración: 77 min.
Género: Drama.
Reparto: Olga Pakalović, Nina Violić, Kresimir Mikić, Inge Appelt, Ivica Vidović, Milan Strljić.
Guión: Dalibor Matanić, Mate Matisić.
Producción: Jozo Patljak.
Música: Jura Ferina, Pavle Miholjević.
Fotografía: Branko Linta.
Dirección: Dalibor Matanić .

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Yo soy el mercado

 

Con la oscuridad como insignia el narcotráfico alimenta una mastodóntica economía de ilegalidad y de mecanismos para su control y vigilancia –centros de desintoxicación, cuerpos policiales, centros de estudios…- que según las tesis del libro de Luc Rastello no está tan claro que el capitalismo quiera eliminar. Solamente en situaciones de ostentación y búsqueda de visibilidad como la del capo Escobar se hace imprescindible tomar decisiones radicales en pro del escarmiento ejemplarizante. Continuar leyendo “Yo soy el mercado”

Con los ojos en la hierba

 

Las pendientes de Sanok irrumpen al dejar atrás Rzeszow -y su irrepetible pronunciación que Dios confunda- para regalarnos lo que para muchos polacos es un secreto a voces: que la tranquilidad está en el aislamiento de las montañas y en esa naturaleza de gentes sencillas que hacen de la superposición un modo de desterrar las tentaciones nacionalistas. Continuar leyendo “Con los ojos en la hierba”