Hilo de oro

CubiertaHilo-de-Oro Introspección de las sombras que contemplan las heridas solitarias vueltas oficio de designar esculpiendo palabras en el laberinto de la noche, reino de lo verdadero. Espejo de reconocimiento de presencias desaparecidas que cierran puertas en su marcha y encuentro de la voz necesaria en las primeras lecturas de Teócrito para congelar minutos prodigiosos en su inmediatez.

Cantos místicos de comunión con el mundo que se entrecruzan al mirar despacio desde la aceptación del ser, incluso en su plena oscuridad o para enredarse en las ramas de una infancia que resuena a través del silencio del alma como paraíso intacto. En él, la insistencia del jilguero, el primer encuentro con la mujer amada en los tiempos de urgencias o los pasos por la arena que aún apisona con sus ansias el niño que aprendía en las estampas bíblicas. Vitalismo melancólico que enreda unas cosas y otras, todos los seres entre sí mediante esa “cofradía de la luz”, porque, aunque no pueda recordar, reposiciona las circunstancias moviendo a gratitud al poeta, viciado de elucubraciones que enturbian la mañana. Hacia el tiempo la mirada es otra, la de la autoreflexión, la apariencia transformada por su efecto y el sosiego favorecido por una memoria armada de recuerdos para beber lejos la vida desde la hermosura del regreso.

Alicia González

Hilo de oro

Eloy Sánchez Rosillo

Cátedra. Madrid, 2014

432 páginas

12,30 €

El sol del más allá y El reflujo de los sentidos

ub. la cruz del sur Bajo el astro rey de la dictadura y sus delirios Ana Blandiana observa la condena del santoral de Ceaușescu, en realidad, su victimario, compuesto por “seres / que rara vez comparten / la desolada desesperación”. Y desde esa vivencia de oposición atomizada la autora rumana se siente “siempre en curso”, insatisfecha con un destino que no le corresponde y no cumple sus expectativas, lastrada como está por “navíos de telarañas”. La inviabilidad del presente le hace llorar para resistir y echar en cara el ojo cerrado que oculta un “paraíso inexplorado”. Y a partir de ese “ansia terrible / de mí misma” ejerce su lucha, aunque ya no sea anónima y haya olvidado cómo volar. Lo que sí distingue es la “poesía empobrecida /…/ bajo la maldición de la historia”, no la que ella construye en “Este poema” cambiante como el lector, pues el tiempo es su medida.

La escritora desarrolla sus contradicciones inquiriendo a ese moscóforo que “hace nacer un pueblo de sombras” para que auxilie a los que contemplan la belleza de los templos en ruinas en alusión a sus compatriotas huérfanos, diciéndoles “nosotros somos nuestra propia historia” ante el temible vacío que abre la muerte del poder absoluto tantos años sufrido. Y repudia a quienes festejan el derrocamiento a partes iguales con los que pronuncian discursos fúnebres, por ni siquiera entienden la intensidad de una felicidad imposible de transmitir. Como si esos “corceles de la locura” que vio cabalgar durante décadas en el encierro de un cuarto hubieran dejado en herencia una sensación que “añoro y me espanta / todo lo que he sido y seré / sin mi consentimiento”.

Alicia González

El sol del más allá y El reflujo de los sentidos

Ana Blandiana

Pre-textos. Valencia, 2016

278 páginas

20,90 €

La Divina Comedia

LIBROS - DIVINA COMEDIALa Commedia de Alighieri, más tarde “divina”, a partir de la edición de Ludovico Dolce de 1555 en Venecia, se gesta aproximadamente en torno a 1307, pese a que autores como Boccaccio propusieran que la redacción de estos 14.233 tercetos encadenados en endecasílabos ocupara el período comprendido entre la etapa previa al exilio y un momento indeterminado tras la finalización de la embajada romana, siendo seguramente decisiva la imposibilidad de regresar a Florencia. La teoría más aceptada es la de que la Divina Comedia surge desde la citada fecha –interrumpiendo la redacción del Convivio y De vulgari eloquentia– hasta la muerte del poeta, en unos quince años de trabajo, con constantes modificaciones y adiciones que hicieron pensar que la obra estaba inacabada. Esto se debe a que Dante empleó ya entonces la técnica de difusión de las novelas de folletín que se publicaban por entregas, dando al público conocimiento los grupos de cantos a medida que los iba componiendo. Por ello, el propio Boccaccio cuenta que los últimos trece cantos del Paraíso vieron la luz cuando Iacopo, hijo de Dante, recibe en sueños la visita de su padre que le desvela el lugar donde estaban ocultos los manuscritos cuando ya estaba dispuesto a completar el poema sacro paterno. Continuar leyendo “La Divina Comedia”