Pícaros de otras latitudes

el

La contemplación de esta pieza de Ilya Repin no nos sugiere que fuese muy partidario del ejército bolchevique por este retrato que hace de esta soldadesca que más que ayudar a ese desarrapado parece dispuesto a aprovecharse de él. El autor del realismo ruso nos introduce en el lienzo a partir de la mirada del protagonista de la obra que resulta en un ejercicio satírico con esa figura enorme, el soldado gordezuelo que, agazapado, con sus manazas parece ocultar al que intuimos es un golfillo superviviente de los tiempos difíciles de la guerra del 14. Una argucia que ya había utilizado en la
conocida “Réplica de los cosacos zaporogos al sultán Mehmet IV” a partir de la mirada de ese cosaco que simula rendir pleitesía al que declama dictando al escribiente.

El cuadro, cuyo título completo es “Bolcheviques: Soldado del Ejército Rojo tomando el pan de un niño» y que tampoco busca cautivar al espectador con su habitual colosalismo en las dimensiones de la pieza, lo dominan los tonos ocres de los uniformes y los rojizos de este rollizo bolchevique al que no parecen afectarle en las trazas las penurias de la contienda. Oculto casi por la mole tenemos al chiquillo, perfectamente definido con su flequillo desmadejado, sus manos agarrándose a lo que podría ser una hogaza de pan y un rostro descolorido, con los dientes desproporcionados que da el hambre. Si nos encontráramos con cualquiera de ambos podríamos reconocerlos en la calle, no sólo por la recreación física que hace Repin de ellos, sino por la caracterización moral de cada
uno de los personajes principales, quedando en penumbra el resto, meras comparsas esbozadas en esta historia.
El pintor ucraniano, integrado en el llamado movimiento de los Peredvizhniki, Vagabundos, tuvo que hace honor a su nombre tras el éxito de la Revolución Rusa huyendo a Finlandia para no regresar. Por eso tal vez no tiene piedad con los soldados de a pie de la nueva clase dirigente y a pesar de que se atribuye a Stalin haber afirmado su predilección por Repin y nos muestra las toscas maneras con las que, prevaliéndose de su poder, abusan del pícaro, “armado” con un pan más grande que él mismo.
La factura de la pieza del “ruso blanco” dista de su condición de pintor de género realista, al modo del casi siempre complaciente paisajista Yefim Yefimovich Volkov, ya que la claridad en los trazos y la brillantez que el artista nos tiene acostumbrados, puesto que en esta obra se permite ensuciar más las figuras y bosquejar algunos de los retratos de las otras circundantes, entre las que destacan la figura tocada con un sombrero negro, detrás del soldado y el que se asoma desde el extremo derecho mirando inquisitorialmente la escena.

Bibliografía:
https://www.theartnewspaper.com/preview/ilya-repin-remains-the-provocateur-inmoscow-
show
https://parkstone.international/2012/09/06/ilya-repin-stalins-golden-boy/
https://www.lavanguardia.com/vida/20190315/461039326163/ilia-repin-unaexposicion-
a-prueba-de-bomba.html
https://www.ft.com/content/33ca404a-79bf-11e2-b377-00144feabd

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