El ruido y la furia

EL RUIDO Y LA FURIAAficionado a dejar al lector abandonado a su suerte, Faulkner esta vez continua relatando las vicisitudes de los Compson, Caddy, Jasón, Benjamin, Quentin y los esclavos negros, Dilsey, Roskus, Versh, Frony o T.P., con la presencia permanente de la madre dominante, Caroline, del padre casi inexistente, borrado por el alcohol y de la muerte, esbozada al comienzo con la abuela difunta. Al hilo de la charla a borbotones de recuerdo de Benjy, el idiota, en la que el tiempo y el espacio –incluso el nombre- se perturban nos va desgranando un primer capítulo fechado en abril de 1928. Aquí se nos presenta ya el amor prohibido de Quentin, que se deja llevar en sus palabras y en la descripción de las telas y que a Benjamín le huele a los árboles hasta que la sexualidad de Caddy empieza a imponerse. Vemos a los hermanos jugar a pelota, con la naturaleza y cómo se entrelazan sus pensamientos en la rigidez casi presbiteriana del condado sureño de Yoknapatawpha, representada por la violencia de Luster marcando los tiempos, distorsionando la lenta realidad de Benjy. Quentin será quien retome la palabra con su perorata rumbo al suicidio, salpicando la promiscuidad adolescente de Candance, eje de la historia familiar. Con sus disquisiciones en torno al honor que le llevan a pelear con Dalton Ames, Quentin busca acabar con la glaciación impuesta por esa madre lejana y con ese ruido del despertador, la responsabilidad familiar, que le acosa el día de su muerte, en varios formatos de tiempo físico. A su modo, Benjy querrá dar rienda suelta a su sexo, abocado a la pérdida constante de un entorno frágil, más frágil si cabe dada su situación. Jasón entra en escena para, con su orden, racionalizar la vida y la narración, revestido de ira y centrado en el lucro –un Bascomb en realidad- y la pérdida que supone la desastrada vida de Caddy. Por último, la criada negra, Dilsey, que con su mirada cristiana pretende aportar un poco de paz a este escenario de Biblia apocalíptica donde la redención no es posible, sin lograrlo.

El ruido y la furia.William Faulkner. Alianza. Madrid, 2004. 355 páginas.

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