Haiku de las estaciones

haiku Bashô desvela el instante frío del golpe de remo a la ola en la rotunda sonoridad del invierno que “se esconde entre los bambúes / y amaina en silencio”.

Con sólo leer el sonido del viento o los escenarios del páramo o el pino envejeciendo el lector sabrá de la gelidez frente a la que buscan refugio los ratones de campo. Issa va más allá y se ampara en Buda para protegerse de los rigores de la estación que presagia la muerte. Shiki en cambio es el escritor de la desolación del ladrido o la lluvia como indicio de vida en medio de la dureza del general invierno. Y así, vamos pasando las páginas de esta antología climática que acompaña diríamos cada día con una apreciación intimista: en ocasiones ya clásicas como la luna, las flores de ciruelo, los cantos de alondra y los aromas que anuncian la primavera en los versos de Bashô. Se agradecen los kanjis en hiragana y la transliteración Hepburn al sistema romanizado que permiten al experto o al curioso acercarse al idioma, aunque nos falten algunos versos del siempre agradecido “Furu ike ya”. Pero sigamos… El libro nos regala esas “flores tardías” y el verdor de los sauces, el canto del cuco taladrando las rocas, las hojas deseantes de ser atrapadas por el paseante otoñal o ese esplendor de la hierba que nos impide ver la montaña (¡qué cierto a veces!) en lo que es todo un compromiso con una naturaleza que se aprecia en el barro de los zuecos como nos escribe Issa e imágenes imperdibles como esos gorriones exhaustos entre los corros infantiles. ¡Quedémonos con la extrañeza de estar vivos o con ese verso en el que casi se oye cantar al verano sobre los arrozales!

Alicia González

Haiku de las estaciones
VV.
Hiperión. Madrid, 2016
118 páginas 
15 € 
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